Sevilla y su Virgen de los Reyes
En la mañana de la Virgen todos los caminos conducen a la Catedral. La Sevilla de hoy, la de ayer y la de siempre —desde el cielo muchos sevillanos no se pierden la procesión, San Pedro les da permiso— es la que llena las calles para contemplar a una Virgen, Reina de Reyes, que ofrece a su Hijo, con cara de travieso, y dice como en las bodas de Caná: «Haced lo que Él os diga».
Es la asistencia a esta procesión una cadena que iniciaron los padres de los padres de los padres... Todos los caminos conducen a los pies de la Giralda, y a todos nos han llevado de la mano a conocer los ritos secretos de la mañana de agosto, cuando las campanas de la Turris Fortíssima reforzadas por las del Convento de Santa Marta, gritan a los cielos las grandezas de María y hasta las piedras de la Catedral parecen de oro para recibir a la Virgen de los Reyes y a su Niño.
Miles de sevillanos, seguramente muchos más que otros años, asistieron ayer al homenaje de devoción a la Patrona y fue también masiva la asistencia al pontifical en una Catedral que estaba llena de gente, mucho más que en la misa del pasado Corpus, por ejemplo.
A las siete menos veinte de la mañana un nutrido grupo de personas mayores ocupaba las gradas de la Plaza del Triunfo, y ya había gente sentadas en sillas en primera fila tras las vallas que acordonaban el perímetro de la Catedral. Y si había gente esperando, cuando era noche cerrada, en uno de los tramos últimos del recorrido, la Plaza Virgen de los Reyes antes de las siete de la mañana ya estaba casi llena. Luego se estiraría hasta parecer de chicle cuando la bulla de Sevilla quiso ver la salida a las ocho en punto de la Patrona por la Puerta de Palos. A esas horas, y faltaba aún una hora para la salida de la imagen fernandina, sólo quedaban algunos huecos libres, y no demasiados, en las vallas de la calle Alemanes y la Avenida.
En esta edición de la procesión las sillas han sido la estrella de la larga espera de la Virgen. Sillas de bastón de las de Semana Santa y sillas de playa. Todo era bueno para reposar mientras se aguardaba a la Virgen. Incluso dos ladrillos, que de forma artística había colocado una pareja, aunque el apaño tenía pinta de incómodo.
A falta de estrenos en la procesión propiamente dicha, el recorrido inauguraba, afortunadamente para la estética aunque de forma negativa para el bolsillo de los sevillanos, la desaparición de las feísimas catenarias, que han sido sustituidas por las farolas que sujetan los cables del tranvía. Otro estreno del día era la participación por primera vez en la procesión del recién elegido Consejo General de Hermandades y Cofradías, con dos mujeres incluidas, Maruja Vilches y Maruja Ciudad, y su presidente Adolfo Arenas, que sufrió una indisposición en el pontifical por no haber desayunado, a la cabeza.
Sobre las ocho menos cuarto de la mañana cuando la Corporación Municipal bajo mazas llegaba a la Puerta del Perdón con la Banda Sinfónica Municipal, dos grúas de Aussa estaban en la calle Alemanes retirando dos coches que por lo visto estaban mal aparcados y entorpecían en los aledaños de la Catedral. Como llegaba la comitiva municipal se pararon. Pero el caso es que ya había salido la procesión de la Catedral y las grúas estaban justo delante de los niños carráncanos y la Cruz. La Banda Municipal no pudo incorporarse a abrir la procesión formada, sino que sus miembros tuvieron que ir en fila india al lado de las grúas.
El incidente provocó murmullos de desaprobación de los sevillanos, ya que el cortejo estuvo parado un ratito hasta que marcha atrás las grúas lograron retirarse por la calle Hernando Colón. La gente no comprendía como la retirada de esos coches no se había hecho antes, por ejemplo a las seis de la mañana, y no a la hora justa de que llegara la procesión. Ya subsanado el incidente, la Banda Sinfónica Municipal, en la que iban también músicos de las Tres Caídas de Triana y de las Cigarreras, encabezada por su director, Francisco Javier Gutiérrez Juan , se puso al frente de la procesión y comenzó a tocar la marcha «Virgen de los Reyes».
Pese a ser 15 de agosto la mañana era fresquita. Ni siquiera cuando amaneció, sobre las siete y veinte, comenzó a notarse el calor. Al contrario, corría un vientecito que no dejaba de mover los flecos y los borlones del paso de tumbilla.
Pese a que no hacía calor los servicios sanitarios de Cruz Roja que tenía una ambulancia en la Plaza del Triunfo, tuvieron que intervenir en varias ocasiones debido a lipotimias que sufrieron algunos de los asistentes.
Nuestra Señora de los Reyes iba majestuosa en su paso —el tisú gris aunque ha sido restaurado recientemente parecía muy ajado en comparación con el manto blanco— que los costaleros al mando de Eduardo Bejarano levantaron a pulso en todas las ocasiones. Un suave aroma de nardos la envolvía. Se alternaba el repique de las campanas de la Giralda con los motetes de la Escolanía Virgen de los Reyes, «Salve Virgen María» y «Al cielo, al cielo iré». Y el silencio era la clave de esta procesión en la que de forma íntima los asistentes entablan diálogo con la Virgen. La gente se santiguaba, realizaba las tres peticiones y daba las gracias.
Ese fervor y respeto se rompió en grandes aplausos cuando la compañía de honores del Batallón de Helicópteros de El Copero inició su desfile, ante las autoridades y el paso. Una anciana, con lágrimas en los ojos, se despidió en la Plaza de su Virgen: «Dame salud para venir a verte el año que viene».
Gloria Gamito
(Diario ABC Sevilla, 16/08/2008)
Ruta del Museo en Guadalest
No sé cual fue la razón por la que decidí visitar estos días pasados Guadalest, un pequeño pueblito de la montaña alicantina, junto a mi hermano y su novia. Pienso que fue la maravillosa contradicción que supone la existencia allí de un museo Microgigante. Resulta que en ese bello y recóndito pueblo hay ocho museos lo que hace que sea, tal vez, el que tiene mayor número de colecciones per cápita. Enunciaré, para no andarme por las ramas, cuales son: Museo de Antonio Marcos de Belenes y Casitas de Muñecas, Museo de Microminiaturas, Museo Etnológico Casa Típica del Siglo XVIII, Museo Histórico Medieval de Instrumentos de Tortura, Museo Municipal Casa Orduña, Museo-Colección de Vehículos históricos «Vall d'Guadalest», Museo Ribera Girona de Arte Contemporáneo y el ya mencionado del Microgigante.
No hace falta tener alma de fabulador para suponer que algún tipo de rareza o prodigio ha debido afectar a estas tierras para que surja este furor museal. Además, lo que atesoran en esos espacios no es la típica empanada pictórica de informalismo mal salpimentado o las habituales esculturas de técnica mixta completamente indigestas. Reparemos, para abrir boca, en algunas de las maravillas miniaturizadas que nos están esperando lisa y llanamente para hechizarnos: la Estatua de la Libertad dentro del ojo de una aguja, «La Maja desnuda» de Goya pintada en el ala de una mosca, un elefante modelado en los ojos de un mosquito, el «Guernica» de Picasso pintado en una semilla, «Los fusilamientos» de Goya pintados en una semilla, la Biblia realizada en la sección de un cabello, una pulga paseando en bicicleta por la arista de una semilla, una hormiga tocando el violín, el Kremlin en miniatura, una aldea construida sobre un hueso de dos centímetros. De verdad, ninguna colección es comparable a éstas. Ya pueden esforzarse los «modelnos» del MUSAC montando un simulacro de puticlub o lanzando, como les gusta, globos sonda que no llegarán, ni en el mejor de sus sueños, a conseguir la magia y el delirio que en Guadalest brilla como un tesoro.
Los habitantes de este pueblo se dedican, según me he informado, principalmente a la hostelería, al comercio de marroquinería y “souvenirs”, siendo también los museos singulares que poseen fuente importante de sustento para ellos. Comprobé que no faltaban establecimientos esotéricos, como uno en el que había una mezcla fastuosa de brujas, gnomos e incluso esculturas de extraterrestres, entre ellas la del mismísimo ET que a estas alturas habrá comprado el iPhone para resolver sus problemas de comunicación. Ante una pregunta necia, por no perder la costumbre, que hice a los propietarios del local me soltaron una perorata sobre magnetismos, triangulaciones benéficas e incluso aludieron, sin que fuera suficientemente claro, a iniciaciones tántricas de carácter erótico o, acaso, dijeron frenético.
Lo cierto es que esa sobredosis de retórica nigromántica hizo que aumentara mi desconcierto. La manifiesta anomalía de este lugar, poblado por apenas doscientas personas, me llevó a cavilar que acaso habían sido abducidos por Sánchez Dragó en uno de sus vuelos místicos o que en la más tierna infancia sufrieron el influjo del doctor Rodríguez del Oso o de algún desconocido, por lo menos para mí, profeta de la miniaturización.
Por remota que sea la genealogía de estos prodigios museísticos, lo que está meridianamente claro es que no hay mejor territorio para que se pierdan, aunque sea unas horas, los seguidores de Borges, especialmente aquellos que no olvidan aquella enciclopedia china, mencionada en «El idioma analítico de John Wilkins», en la que está escrito que los animales se dividen en «a) pertenecientes al Emperador, b) embalsamados, c) amaestrados, d) lechones l) etcétera, m) que acaban de romper un jarrón, n) que de lejos parecen moscas».
Tras visitar las miniaturas de Guadalest la realidad en su conjunto es casi invisible o, mejor, requiere de lupas que nos revelan lo extraordinario, aquello cotidiano que se ha vuelto fabuloso. Aquí, más allá de la doctrina religiosa, un camello pasea por el ojo de una aguja. En el museo Microgigante se encuentra Guadalest realizado en un cuarto de centímetro. Esta radical “mise en abyme” me lleva a pensar que la realidad es más hermosa y rara que toda la literatura.
Anuxi Varilla
Sevilla
La profesionalidad de los "triunfitos"
Gracias OT, gracias por la desgracia de la organización y la poca vergüenza que tenéis por utilizar la televisión con los gritos del señor presentador solicitando a los fieles adolescentes que corran a comprar un CD, que vosotros ya obligáis de entrada, para llevarse una firma de lo que a estas edades son sus ídolos.
Como madre de una niña de 11 años, reafirmo que es indignante que juguéis con la ilusión, la alegría y los sentimientos de estos adolescentes para lucraros deliberadamente, ya que los que estaban sentados firmando aún no son nadie y para llegar alto han de trabajar mucho, con lo cual, si deben estar sentados en una mesa dos horas más, sonriendo y firmando, lo hacen y con gusto.
Puedo añadir que regreso a casa, volviendo a hacer más de 60 kilómetros, y después de 40 metros de cola, habiendo comprado el maldito CD sin firmar, como otros cientos de personas.
¿No os da vergüenza? A mí me la daría si tuviera un mínimo de profesionalidad, cosa que ha quedado muy patente el día de hoy.
Elianne Pomares
(Diario 20 MINUTOS Sevilla, 14/07/2008)
Jueves grande en Sevilla
Como dice el refrán, hay tres jueves al año que relucen más que el sol: Jueves Santo, Corpus Christi y el día de la Ascensión. Y ayer se volvió a cumplir en Sevilla. La procesión del Corpus Christi, unas de las festividades litúrgicas más importantes de Sevilla, recuperó ayer su recorrido habitual tras la finalización de las obras de la Iglesia Colegial del Divino Salvador, que provocaron que el trayecto fuese modificado durante cinco años consecutivos.
En un enclave novedoso –ya que es la primera vez que existen las farolas fernandinas de la Avenida de la Constitución—, la procesión, la más tempranera en el calendario desde 1913 y formada por casi tres mil representantes de hermandades religiosas, asociaciones y congregaciones de fieles, recorrió las las calles del centro por las que tradicionalmente discurría.
La plaza de San Francisco se engalanó con flores y con el altar dedicado a la Virgen de la Hiniesta Gloriosa, patrona del ayuntamiento hispalense, y que se encontraba flanqueada por las portadas efímeras que reproducen la fachada de la iglesia de La Carretería con motivo de su 250 aniversario.
El cortejo discurrió por la Avenida de la Constitución, las calles Cerrajería, Sierpes y Francos o la Plaza del Salvador sobre un manto de romero y juncia como marca la tradición, desde las 8:30 horas de la mañana, hora en que el Arzobispo ofició la misa en la Santa Iglesia Catedral, donde bailaron los niños seises ataviados con trajes centenarios de color rojo y blanco y sus vistosos sombreros. La Custodia de Juan de Arfe, de 300 kilos de peso y labrada en plata en el siglo XVI, salió de la Catedral a las 10:30 horas, hecho que coincidió con la llegada de los primeros miembros del cortejo al templo catedralicio.
Este año el tiempo acompañó a la procesión, ya que brilló el sol y la temperatura superó los 25 grados. Los niños carráncanos abrieron el cortejo, seguido del paso de las Santas Justa y Rufina, patronas de la ciudad de Sevilla y cuya imaginería data del siglo XVIII; el segundo de los pasos fue el de San Isidoro, seguido de San Leandro y la imagen de San Fernando, patrón de Sevilla.
La procesión continuó con el paso de la Inmaculada Concepción, seguida del paso del Niño Jesús, talla de Martínez Montañés, y la Santa Espina, más conocida como la Custodia Chica, y finalmente la Custodia Grande de Arfe. Entró en la Catedral a las 12:16 horas.
A. B. V. M.
(Diario ADN Sevilla, 22/05/2008)
Don Aníbal González
Del arquitecto sevillano Aníbal González sólo tengo elogios para tan maravillosa y vertiginosa inteligencia de hacer dibujos y trazados, todos ellos diferentes. Por poner un ejemplo, ahí tenemos su obra cumbre, la fabulosa Plaza de España del Parque de María Luisa de Sevilla, una belleza sin nombre. No hay ventana que se parezca una a otra. Como dibujante no tengo más remedio que decir que era un figura y un fuera de serie.
No repetía dibujos en sus obras de arte, e inventaba cada día más de lo que la mente humana puede alcanzar, podríamos llamarlo un prodigio de la naturaleza. Después de él no se ha conocido arquitecto sevillano con tanto talento como este señor. Los habrá habido más buenos, regulares, pero con Aníbal González hay que quitarse el sombrero.
Los pabellones que diseñó con motivo de la Exposición de 1929, ahí han quedado para recuerdo de todas las generaciones venideras.
Plasmó en la ciudad de Sevilla toda su sabiduría para que los sevillanos le recordaran siempre.
Manuel Enríquez
(Diario METRO Sevilla, 22/05/2008)
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