Dudas
Dos amigos están hablando de sus respectivas vidas amorosas: “¿Estás realmente enamorado de ella?”, pregunta uno.
“Creo que sí, pero no estoy del todo seguro”, contesta el otro.
“Si no estás seguro, es que no estás enamorado de verdad, --afirma el primero con convicción—. El verdadero amor es inequívoco, no deja lugar a dudas”.
“Pero en este caso –replica el segundo—, yo no podría dudar, pues la duda equivaldría a una negación, y sin embargo estoy dudando”.
Muchas personas estarían de acuerdo con la aseveración del primer amigo: el verdadero amor es inequívoco, no deja lugar a dudas. Pero, por otra parte, es muy normal dudar, en algún momento, de la autenticidad de los propios sentimientos amorosos.
¿Equivale la duda a una negación cierta? De ser así, la supuesta duda se autoinvalidaría, pues, por definición, la duda es lo contrario de la certeza.
El sentimiento amoroso
Todos lo hemos experimentado en alguna ocasión. Los afortunados, sólo una vez, y los más afortunados todavía, en varias. Esa extraña mezcla de inseguridad, temor y anhelo desaforado que produce ver a la persona de quien se está enamorada sin saberse correspondido; o la tremenda sensación de euforia, de increíble energía, que le haría a una acometer las mayores proezas por ver al amado tanto tiempo alejado. Son sentimientos que se vienen expresando desde los juglares medievales... ¿o desde antes quizás? En el Valle del Nilo encontramos algunas docenas de poemas amorosos, donde se describen situaciones que inequívocamente son intentos de seducción o cantos de amor tal cual los podría describir alguno de nuestros afamados poetas del Siglo de Oro. Como aquel texto donde el protagonista describe la energía y el valor que le poseen sólo con pensar en su amada, que le harán cruzar sin temor y con brazadas veloces un río infestado de cocodrilos; o aquél otro donde se finge enfermo para que vayan a verlo los vecinos, ella incluida, quien será la única que comprenderá su enfermedad: mal de amores.
Entonces como ahora, parece que las mujeres se mostraban más comedidas a la hora de expresar su amor, pero no menos decididas a conseguirlo. Una de ellas se queja azorada y le reprocha a su corazón que se desboque al ver a su amado, pues su amor podría quedar delatado; la otra se confabula para hacerle saber a su madre de su interés por un chico y de este modo hacer que se ponga en marcha el ritual social que podría terminar juntando sus vidas. Más sufridora, otra exclama sin pudor que soportará golpes y maltratos por seguir doquiera que vaya al dueño de su corazón. A lo que se ve, nada hay nuevo bajo el sol a la hora de describir el amor.
No sé si lo puedo llamar amor
Llevo viviendo en Irlanda mucho tiempo. He tenido varios trabajos y un novio con el que conviví. Pero en mayo de este año, me cogieron en una empresa española de administrativa y traductora para el Dpto. de Ingeniería.
Para la entrevista me recogieron dos españoles en la estación de un pueblo donde se encontraban las oficinas. Uno era de Granada y el otro de Salamanca (sería mi jefe más directo y compartiríamos oficina). Me dieron el trabajo, y a las tres semanas comencé a trabajar.
Mr. Salamanca era sexy, alto, moreno y con ojos verdes. Cuando estaba en la oficina con él me entraban calores, tenía mariposas en la barriga. Estaba gilipollas perdida. Me sorprendí a mí misma, despertando casi dos horas antes para arreglarme por las mañanas, súper perfumada y con el pelo siempre brillante. Ir a trabajar se convirtió en algo muy emocionante.
Un día, varios compañeros dijeron ir a ver la final de la Champions en un pub del centro; era un miércoles. Yo le pregunté a Mr. Salamanca si quería venir. Dijo que saldría antes para ir a verlo e incluso se ofreció a llevarme al pub. Después de seis guinness, se me debió de notar que él me gustaba, porque al día siguiente me propuso ir al centro el viernes para comprar ropa y cenar juntos.
Fuimos de compras y luego a cenar a un italiano; bebimos vino y a mí se me pusieron los mofletes colorados. Luego volvimos al pueblo, a quedar con otros compañeros. La noche fue divertida y a mí cada vez me gustaba más y más.
Se hizo tarde, íbamos todos bastante borrachines y como yo vivía un poco lejos y ellos no podían conducir, Mr. Salamanca dijo que me quedara en su casa. La lujuria me poseyó.
Fuimos a su casa. Era muy tímido, estaba tenso y nervioso, correteaba enseñándome dónde estaba todo. Yo estaba muy excitada. .
Me bajé a ver la tele porque no podía dormir, y apareció él con un pijama horrible. Estuvimos hablando un rato, y de repente empezamos a besarnos, besos tiernos y largos. Yo no podía más.
Estuvimos como dos horas besándonos, luego nos fuimos a dormir, estábamos agotados. Lo bueno vino por la mañana, descansados y sobrios. Fue la relación más increíble de mi vida. Desde entonces estamos muy bien.
No sé si lo puedo llamar amor, puede que sí, estamos cada día más unidos.
Laura
(Diario 20 MINUTOS Sevilla, 17/07/2008)
Carta de amor
Queridísima esposa:
Aquel día estaba yo en un aeropuerto lejano. Antes de despegar te mandé el SMS cómico de siempre: “Si no volvemos a vernos, que sepas que te regalo la bici. Mmuac”. En mitad del trayecto, el comandante anunció turbulencias y todos los pasajeros nos pusimos el cinturón. Los rayos parecían golpear la ventanilla y el avión se estremecía como atacado por demonios voladores e invisibles. No se escuchaba otra voz que el grito de la tormenta nocturna. La mujer que tenía al lado lloriqueaba, y las azafatas permanecían sentadas con una palidez sobrecogedora. Entonces saqué tu foto de la cartera. Pensé en todo lo que nos quedaba por vivir, y tuve la convicción de que no iba a morir, de que alguien o algo poderoso velaría porque nuestro amor siguiera adelante. Meses más tarde, durante otro vuelo hacia una capital europea, el piloto anunció que uno de los motores del avión se había estropeado. Teníamos que regresar a Barajas. El terror me invadió al percatarme del humo que salía del ala derecha. Pero saqué de nuevo tu fotografía. Y sumergido en tu belleza, ni siquiera percibí los gritos ni el estrépito del avión cuando se estrelló a varios metros de la pista de aterrizaje. La semana pasada, gracias a la contemplación de tus ojos amorosos, tampoco supe que el avión había caído en el bosque hasta que la expedición de salvamento me rescató de la copa de un árbol. Por tercera vez consecutiva había sido el único superviviente de una catástrofe aérea.
Ha corrido la voz de que tu imagen angelical trae mala suerte a las flotas y hoy la compañía aérea me la ha requisado antes de embarcar. Por eso te escribo esta carta de amor apresurada, para decirte que mi talismán se ha quedado en tierra. Para decirte también que acabo de escuchar una explosión en la parte trasera del avión y que estamos descendiendo muy rápidamente... Y, en fin, que te querré siempre.
Anuxi Varilla
Sevilla
Mariposas en mi estómago
Quiero contaros mi experiencia, totalmente verdadera.
Fueron los tres días más maravillosos de mi vida. Fue por las fiestas de San Juan, en Alicante, invitado por un amigo. No pensaba ligar, de hecho soy más bien tímido y nunca doy el paso. Pero fue alucinante.
Me fui con Jorge, mi amigo, a la Hoguera Séneca-Autobusos, junto a la estación. Qué ambiente en la ciudad. Él me presentó a una amiga suya, Raquel, que a su vez venía con otra niña, Martita. No sé si describirla: ojos verdes, cejas perfectas, castaña, melena rizada hasta la mitad de la espalda y unas piernas que no acababan; y con el aire que canta Pedro Guerra en su canción. En fin, que cruzamos la mirada y ya no eran mariposas en el estómago... uf, qué calor.
Estuvimos al día siguiente de cañas en Desdén, luego de compras y por la noche en Havana. Y aquí dio el paso, y además con estilo, porque he tenido rollos por ahí que puaj, qué asco.
Lo que más me gusta de una mujer es su sonrisa, y la de Martita (bueno, es) un coro de perlas. En un descuido mío, me besó, la besé, me besó, la besé... Un chico de la barra flipaba (envidia). Fueron besos cálidos. Propuse ir a la playa del Postiguet. Se negó –sin valorar mi grosería del polvo rápido— y como diciendo, “Alberto, (eres mío) todo a fuego lento”.
La acompañé a casa y recuperé mil maltrecha compostura pidiéndole por adiós, una sonrisa. Me compensó. No hubo más besos hasta el día siguiente, el último.
Loco de amor, pero con el billete de vuelta a Madrid comprado, la llamé temprano para ir a desayunar. No quiso. Martita me invitó, dijo, “a muchos donuts” en su piso, una excusa para abrir su puerta con camiseta verde y estrecha braja violeta de encaje. No probamos bocado que no fueran nuestros cuerpos durante todo el día, el sudor era nuestra bebida, la risa nuestro alimento.
Tenía que volver, le pedí el móvil y no me lo dio. Le anoté mi número. Así que si lees esto, Martita, quiero que sepas que te quiero. Ya sabes dónde estoy.
Alberto R.
(Diario 20 MINUTOS Madrid, 16/07/2008)
Encuentro

Exterior día. Apoyado en un muro de piedra, tomando el sol, un muchacho muy joven observa el ir y venir de los viandantes por una céntrica plaza de mi sureña ciudad. Yo tomo un café con leche y lo observo a través del amplio ventanal de un bar, el otero desde donde (voyeur al fin y al cabo) también espío el paso de los otros por esta misma plaza. Leo un libro, doy sorbos al café, fumo un cigarrillo. Cuando levanto la vista, el chico sigue allí. De mediana estatura, delgado y guapo. Con la indolencia de quien no tiene nada mejor que hacer que sentarse al sol y dejar que la ciudad le pase por delante en una sucesión de fotogramas: mujer con carrito de la compra; colegialas de uniforme, con la falda tableada siempre demasiado corta; jubilado a la caza de una obra en la que abismarse para pasar la mañana. Yo leo y bebo café, el chaval se dora al sol de primavera, la moviola urbana gira y gira.
Consciente de que llega electrizando el ambiente, una chica se sienta en el mismo muro, a escaso metro y medio del muchacho. Morena y seria, amparada en unas gafas oscuras que incrementan su aire de misterio, bellísima en el gesto lánguido con que saca un cigarro, lo enciende y expulsa el humo. Él la mira, tímido y seductor, mientras ella, ajena a tanta testosterona revolucionada, mantiene la vista al frente. Yo dejo la lectura y los estudio, curioso. ¿Darán el primer paso? Y si lo hacen, ¿quién hablará primero?
Finalmente, él dice algo, y ella, siempre tras sus gafas de actriz años cincuenta, le responde. Se presentan, se sonríen. En menos de cinco minutos se alejan, juntos, calle abajo. La mujer con un caminar lento, seguro, sexual. El chico a su lado, con la sorpresa de su buena suerte pintada en su rostro.
Una de tantas historias mínimas, de las que aguardan a los valientes que se atrevan a forzar la realidad, a dar un paso al frente y vivir la vida como la aventura que es. Los cobardes, muertos de envidia, suspiramos y volvemos a nuestro libro y nuestro café, que se ha quedado frío.
Fernando Peña Charlón
(Diario METRO Sevilla, 13/05/2008)
La fuerza del verdadero amor
¿Existe el amor? Es la pregunta que nos hacemos todos en algún momento, ¿existe esa media naranja? ¿existe esa persona que te quiera con locura?...
Déjenme decirle a todo el mundo que el amor existe, el amor llega cuando menos te lo esperas, y una vez que llega perdura en el tiempo por mucho que algunas veces lo neguemos.
A todo el mundo le llegará en su vida ese amor que le hará feliz, que le hará soñar, llorar, pensar las 24 horas del día en esa pareja, que le hará hacer locuras para seguir enamorándola...
A mí me llegó ese amor y ahora lucha por irse, perderse en el olvido. Hay una tensa lucha entre la tristeza y la felicidad, entre pareja y soledad.
Desde aquí quiero decirle a esta persona que por mucho que niegue que ya no hay amor, que me quiere dejar en el abandono, en la pura soledad de esta vida dura y cruel, el amor sobrevivirá por esos momentos felices que vivimos juntos. El amor es algo que reluce más que el sol, que se ve a distancia, pero que hay veces en que se oculta, como la luna durante el día.
I.M.
(Diario METRO Alicante, 01/04/2008)
Últimos comentarios
- Chrome de Google 1 comentario jorbasmar
- Discriminación televisiva 2 comentarios carmen MARIA
- El género del idioma español 1 comentario Santa Coloma Romero
- Cuerpos velados 1 comentario jarrillerorojiblanco
- La estrella 1 comentario santiago
Mis tags
Buscar
Suscríbete
Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):
