24 Ago 2008
Cargador universal
Los enganchados a la tecnología tenemos un problema: cada vez que nos vamos de viaje nos llevamos muchos de nuestros gadgets... y también todos los cargadores. El cargador del portátil, el de la cámara de fotos, el del reproductor de MP3, el de la consola, el de los móviles... Esta lista aún puede ser más larga y acaba ocupando un lugar y un peso importantes en nuestro equipaje. Además, en algún momento de tu vida te acabas olvidando de alguno, por lo que acabas teniendo duplicados.
Cada marca y cada dispositivo electrónico tienen su propio cargador así que, salvo que seas alguien muy cuidadoso, algún rincón de tu casa es el cementerio de los cargadores y la tecnología obsoleta.
Afortunadamente en los últimos años hemos mejorado algo, ya que muchos de nuestros aparatos electrónicos se pueden cargar a través de la entrada USB. Sin embargo no todos los gadgets que tienen esta entrada se pueden recargar por ese puerto. Existen también los llamados cargadores universales, que en realidad es un cargador y un completo surtido de decenas de clavijas, que no parece que sea una buena solución.
En varias ocasiones ha habido rumores de presiones de los gobiernos, o de reuniones de los propios fabricantes para tratar de llegar al cargador universal, que posibilitaría además que fueran mucho más baratos y fáciles de conseguir.
Mientras tanto, miles de adictos a la tecnología como nosotros seguimos arrastrando nuestros cargadores allá donde vamos.
Naturaleza de usar y tirar
En un momento de mi vida, comencé a oír expresiones como “esto ya no se fabrica como antes”, “ahora las cosas no se hacen para que duren”.
En los museos como el de Historia Natural de París, se han creado secciones para acoger a las especies recientemente extinguidas o en peligro de extinción. La extinción de especies es algo normal en nuestro planeta. La Tierra ha experimentado ya cinco extinciones masivas, durante las cuales el 65% de las especies desaparecieron. Sin embargo, algunos científicos opinan que si bien este proceso dura normalmente de uno a cuatro millones de años, en la actualidad se está produciendo de 100 a 1.000 veces más rápido. De hecho, lo comparan con lo que ocurrió hace 65 millones de años, cuando un meteorito impactó en la Tierra causando un dramático cambio climático que condujo a una extinción masiva. Treinta millones de años después, los dinosaurios habían desaparecido y los mamíferos campaban a sus anchas por la Tierra: las nuevas especies utilizan así el espacio que dejan los que se van.
Nosotros no estaremos aquí para ver a los sustitutos. Cuando desaparecieron los dinosaurios, la diversidad se recuperó 10 millones de años después. La lista de especies en peligro de extinción crece a diario. Esto es más preocupante en el mar y los ríos debido a que nuestros conocimientos son mucho más limitados. Cada año desaparecen 1.554 km2 de corales marinos, una tasa de destrucción del 1% anual, el doble que la propia de las selvas tropicales. Más cerca, el atún rojo las pasa canutas año tras año. Los científicos estiman que en la Tierra hay de 10 a 30 millones de especies de plantas y animales, la mayoría, sin identificar. Cada año desaparecen unas 50.000, muchas como consecuencia de la actividad humana.
El cambio global
En el pasado, los sufrimientos del infierno y la condenación eterna impedían hacer lo que algunos les pedía el cuerpo o alguna de sus partes.
En el siglo XXI tenemos nuevas amenazas. La gente habla del cambio global como un hecho consumado y lo incorpora al día a día. Hace frío en julio, cambio habemus. Hace calor en diciembre, cachis en el cambio. Y así hasta el infinito y más allá.
Recientemente unos investigadores italianos publicaron que la rapidez del calentamiento es mayor que la esperada. Lo que quedaría sería algo así como:
-
CO2 = calentamiento global = - hielo + subida del nivel del mar + muchos cambios en los patrones climáticos.
De hecho, entre 1961 y 2003, la tasa de aumento de la temperatura y el nivel del agua en el océano es un 50% superior a la prevista en los informes anteriores.
Los catatrofistas afirman que esto puede hacer que el hielo de Groenlandia se derrita y debilite la corriente del Golfo, que proporciona un clima benigno a Europa.
Aunque nos guste el morbillo, probablemente los cambios por la eventual desaceleración de la corriente del Golfo no sean tan dramáticos.
¿Podemos hacer algo? Lo dudo. La Tierra cambia y si no, que se lo pregunten a los dinosaurios. Sería muy de agradecer que además de vaticinar desgracias se nos informase de cómo se pueden paliar los efectos de estos cambios. No quiero ser pesimista, pero si parte del problema está en la actividad humana, a ver quién le dice a los habitantes de China e India que de coche nada, que sigan con la bici.
Yo, a veces me pregunto, ¿dónde tiramos las pilas que usamos?, ¿usamos el automóvil lo necesario?, ¿cuánto detergente ponemos en la lavadora? Espero que además de gastar dinero en describir la enfermedad, se gaste al menos lo mismo en curarla.
23 Ago 2008
El fenómeno YouTube
En febrero de 2005, tres antiguos empleados de PayPal lanzaron YouTube, una web donde los usuarios podían subir, ver y compartir sus vídeos. El éxito fue casi inmediato y, a finales de 2006, Google adquirió YouTube, siendo en la actualidad uno de los sitios más populares de Internet. Aunque todavía es un fenómeno reciente, YouTube y sus clones marcaron un hito en la historia de Internet con la popularidad del vídeo en la Red y, más aún, con la posibilidad de que cualquier usuario tuviera su propia ventana con la que dirigirse al mundo.
El crecimiento de YouTube ha sido exponencial. Ya en 2007 consumía el mismo bando de ancha que el usado en toda la Red en el año 2000. En la actualidad, ese consumo supone un gasto diario de un millón de dólares. Se debe a los más de 85 millones de vídeos almacenados y a los más de 200.000 nuevos que sus casi cuatro millones de usuarios registrados añaden cada día, más de 10 horas de material nuevo cada minuto. Son más de 80 millones de usuarios que ven más de 3.000 millones de vídeos al mes.
Con estas cifras, YouTube se ha convertido en todo un referente mundial. Ha lanzado al éxito a cantantes como el rapero Soulja Boy o convertido en famoso a Gary Brolsma (más conocido como Numa Numa Guy). La historia de Juan Mann, un joven australiano que decidió salir a la calle a dar abrazos gratis, no habría salido de Sidney en condiciones normales. Gracias a YouTube su idea llegó al mundo entero.
La música sí se vende
El negocio de la música ha cambiado de manera radical en los últimos años gracias a Internet. Antes los grupos mandaban sus maquetas a las discográficas o esperaban la visita de un productor a sus conciertos para firmar su primer contacto. Ahora las cosas son muy distintas. Los aspirantes a estrellas de la canción abren sus páginas en YouTube o MySpace y comienzan a tener fans por todo el mundo. Gracias a esta popularidad reciben la llamada de una empresa discográfica, que en muchos casos no necesitan porque ya venden su música a través de Internet.
Es el caso de los Boyce Avenue, un grupo de Florida formado por los hermanos Alejandro, Fabián, y Daniel Manzano, y su amigo Stephen Hatker. El año pasado eran unos desconocidos, abrieron su canal en YouTube y en la actualidad acumulan más de 40 millones de visitas a sus vídeos. El pasado 25 de marzo lanzaron su primer álbum y en un mes vendieron 30.000 canciones a través de iTunes, Amazon o Rhapsody.
Se habla mucho del intercambio de archivos musicales (calificado de forma malintencionada como descargas ilegales), de que Internet está matando a la música... Pero se habla poco de que Apple se ha convertido en el mayor vendedor de música en los EE.UU. tras vender 5.000 millones de canciones en todo el mundo. Además, los grupos venden ya sus discos directamente a través de sus páginas web, sin intermediarios. Y el nuevo modelo de negocio funciona.
21 Ago 2008
Homenaje
En recuerdo de todos los fallecidos en el accidente aéreo en el aeropuerto de Barajas ocurrido el miércoles, 20 de agosto de 2008. Descansen en paz.
Anuxi Varilla
La cita del día
En la tele cualquier imbécil llega a millones de personas, ¿y un libro a cuántos?
Antonio Tabucchi
(escritor)
20 Ago 2008
Neutralidad
Para estrenar este mes de agosto, el consejero Font de Mora presentaba los materiales didácticos que la Generalitat ha editado para “facilitar” la impartición de la polémica asignatura de Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos.
No he tenido ocasión de hacerme todavía con uno de esos manuales que, of course, están editados en inglés, pero todo apunta a que no se respetan del todo los contenidos que marca el Ministerio de Educación puesto que éstos, a juicio del consejero, no fueron pactados a fin de dotar “contenido neutral” a la ciudadanía.
Y eso es lo que parece que ha hecho Font de Mora, elaborar un material didáctico “neutro” que omite cuestiones susceptibles de herir sensibilidades. Seguro que las omisiones se refieren, por supuesto, a todo aquello que huela a relaciones de igualdad entre los sexos y a la eliminación de los estereotipos de género; así que cuestiones como la violencia de género, la homofobia, o la orientación sexual serán, probablemente, difíciles de encontrar. Pero todo sea por no herir la sensibilidad de las personas de bien.
Igual Berlusconi sí que ha conseguido uno de esos manuales y, por eso, mientras persigue a los gitanos como criminales en peligro a su patria, se preocupa de su sensibilidad y de la de los espectadores, que podrían, en sus incontables comparecencias ante los medios, sentirse ofendidos ante la visión de la teta de la alegoría de la verdad pintada por Tiepolo. Tiempo le ha faltado para cubrirle el seno, aunque las mamachicho le hayan reportado pingües beneficios.
Un escenario sin sexo ni sexualidad, una educación “neutral” que oculte o ignore las diferencias existentes en la vida real, son las condiciones óptimas para preservar el “orden” establecido. La “neutralidad” de ahora equivale a un adoctrinamiento de los tiempos de la dictadura porque impide el camino hacia la libertad a través de la igualdad.
Curiosamente, intentando poner orden a mi caótica librería, he encontrado el manual de Formación político-social editado en 1966 por la Sección Femenina para las niñas de primer curso de Bachillerato. En la primera lección, dedicada a la familia, se puede leer: “El padre tiene la autoridad en la familia. Esta autoridad le ha sido donada directamente por Dios. Por eso se dice que la autoridad paterna es de institución divina”. Y un poco más adelante, en la lección tercera, donde se define el papel de las niñas en la familia (el título de la lección es elocuente: “Mi servicio a la familia) se deja bien claro que “la misión de la mujer es servir”, que su principal servicio es la maternidad y que Dios pensó en la mujer “como un complemento necesario, es decir, como algo útil”.
Decir estas cosas ahora es políticamente incorrecto, así que no se dice nada y punto. “Neutralidad absoluta”. Así podremos seguir asistiendo al asesinato masivo de mujeres. Cincuenta y una en este año no es mala cifra. Con la neutralidad a lo mejor podemos batir nuevo récord.
Litoral o zona de guerra
A todos nos gusta disfrutar de un tiempo cerca del mar. Por eso la presión humana sobre la costa crece sin parar. Lo que queda bajo la superficie del mar y no se puede ver parece que no existe, pero los ecosistemas costeros se destruyen diez veces más rápido que las selvas.
El 44% de la población española vive en municipios costeros, espacio que ocupa apenas un 7% del territorio y que sufre cada año la afluencia de turistas. Esa presión, combinada con el boom urbanístico que se ha venido sucediendo en las últimas décadas, ha convertido a la costa española en un nuevo muro de la vergüenza.
Hay comunidades, en especial las del Mediterráneo, donde más del 75% de los terrenos colindantes al mar son urbanos o urbanizables y casi el 25% del litoral es costa artificial.
La responsabilidad de los ecosistemas costeros viene en gran medida motivada por este incremento acelerado de la población junto a las costas de todo el planeta. Según algunos cálculos, las praderas marinas y los arrecifes de coral desaparecen a una velocidad en torno a un 5% y un 9% anual.
La cantidad de puntos negros relacionados con la urbanización del litoral en España es tan inmensa que es para poner los pelos de punta. A veces pensamos que el mar sólo lo destruye las grandes catástrofes y nos olvidamos del día a día.
De la misma forma que ahora no se concibe un automóvil sin cinturón de seguridad, sin airbag o sin avisador de no tener el cinturón de seguridad abrochado, no se debería aceptar tampoco una urbanización en la costa sin que cuente con un sistema de depuración que devuelva al mar el agua que usamos en un estado aceptable.
No creo que nadie tenga la varita mágica para resolver este problema (del que todos somos un poco responsables).
Así, vamos mal...
19 Ago 2008
Esta no es la sanidad en la que yo quiero trabajar
El día 4 de agosto, mi padre de 86 años iba dando un paseo y sintiéndose indispuesto, se sentó y perdió el conocimiento. Avisaron a la ambulancia y a mi madre. Se recuperó enseguida y quería ir a casa, pero el médico del SAMU creyó conveniente su traslado al hospital de Torrevieja para su valoración. Llegaron al hospital a las 19:25 horas. A mi madre no le permitieron entrar con él. A las 22:00 horas y sin haber tenido noticias de él (en el ordenador de información constaba como “en espera”), pedí al celador información sobre él y nos dijo que no lo había encontrado pero que le había dicho al supervisor que se encargara. A las 23:45 horas mi padre sale por las puertas de acceso desorientado, desvalido e indignado. No sólo lo habían tenido arrinconado, helado y desatendido en una sala de espera, sino que no le habían hecho ni siquiera la anamnesis. La explicación fue que le habían estado llamando y que no respondía.
Y digo yo: si les consta que ese paciente había entrado en ambulancia y lo llaman y no responde, o bien está insconsciente, o bien está muerto, o bien se ha fugado (como consta en el ordenador), o bien está sordo.
Sí señor, mi padre está sordo como “una tapia” y creo que el hospital ha corrido un grave riesgo. Porque si el paciente no contesta, lo lógico es llamar a los familiares para comprobar si ellos también lo hacen.
De todo esto, he aprendido que, ya que como sanitaria/familiar no quise utilizar mi condición de compañera para “colarme”, como sanitaria/profesional he tomado conciencia y confío en que los demás también lo hagan, de estar más atenta al entorno que me rodea en mi trabajo para así poder identificar este tipo de percances que pudieran degenerar en estas situaciones u otras más graves. Me llevé a mi padre a casa sin valoración (cualquiera lo convencía de volver a entrar).
Mª Isabel Trigueros Marín
(Diario INFORMACIÓN Alicante, 18/08/2008)
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