En favor de la jornada intensiva
Tenemos uno de los horarios más arcaicos y somos una excepción en los países de nuestro entorno. Con este tipo de horarios se provoca una escasísima o nula convivencia familiar y se empuja a destinar parte del fin de semana a consumo en lugar del ocio en familia, y sobre todo obliga a delegar la educación de los hijos a manos ajenas o a la televisión. La tediosa y larga jornada partida es menos productiva y se presta a todo tipo de pausas. Con una jornada intensiva, el trabajador seguiría cumpliendo los mismos objetivos y rendiría más. Otro de los efectos beneficiosos es que se solucionaría la polémica de los horarios comerciales, ya que el consumo se realizaría al salir del trabajo, se crearía un escenario de auténtica competencia entre pequeños y grandes comercios, pudiéndose recuperar el descanso dominical.
Francisco Lorenzo Salido
(Diario METRO Sevilla, 04/06/2008)
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