La despensa
A los niños del futuro podríamos enseñarles algunas palabras perdidas. Como los anaqueles, en los que se guardaban los libros antes de ser devorados por los soportes digitales. O como las despensas, donde nuestras abuelas hacían acopio de los alimentos en tiempos de penuria, sobrepasadas por los frigoríficos de tamaño combo y la abundancia logística del mundo desarrollado. Se supone que el consumidor del siglo XXII no conocerá la carestía, ni la visión devastadora de los lineales del supermercado semivacíos debidos a una huelga de transportes, como sucede estos días. Pero para los hombres de hoy, el fantasma de la escasez está presente, resultado de una cadena de producción tan frágil como dependiente de las reservas de petróleo y la inflación. Los apartamentos de nueva construcción han reducido su espacio, y en ese juego de metros útiles el salón-comedor ha ganado la batalla a la despensa, que se ha quedado fuera de juego. Nadie espera que los hogares de esta sociedad opulenta tengan que mantener un espacio donde acumular bienes de consumo básicos. En la era de las telecomunicaciones y la realidad virtual, pensar en dónde guardar unos kilos de azúcar, de harina o de arroz por si acaso suena a gesto de posguerra, a ademán contra-moderno. La cuestión es que cuando el sistema de desequilibra como ahora, parece que no está tan lejos el recuerdo de los tiempos de las colas, las compras de aprovisionamiento, el estraperlo. Por mucho que queramos, el bienestar no es una verdad absolutamente, razón por la que muchos ciudadanos guardan la leche, los congelados o el café, azuzados con la inquietud del más vale prevenir en cualquier rincón posible.
Quizás los anaqueles permanezcan en los diccionarios del siglo XXII, lo mismo que la despensa. Mientras no se compruebe que la tecnología digital es más eficaz que las páginas de un libro, o que los recursos de nuestro sistema solucionan las necesidades alimentarias de la población sin una buena despensa, de las de toda la vida, estas palabras tienen un significado vigente. Palabras que son valiosas porque están vivas.
Anuxi Varilla
Sevilla
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1 comentario · Escribe aquí tu comentario
aino (MAS fan) dijo
yo no podria vivir sin mi despensita.
quite un par de metros a mi salon para poder tener una despensa con mi azucar, harina, leche, galletas etc etc ....
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