Trastos

Siempre he pensado que lo mejor es viajar ligeritos de equipaje, y esta frase, tan tópica, me sirve tanto para lo que es el traslado real de un país a otro como para lo que es –en plan más existencial— el trayecto completo por la vida. Poco equipaje y selecto. Justo lo necesario. Yo estaba convencida de que en mi proceder diario me ajustaba a esta divisa, pero no. Y he descubierto que no en una mudanza a la que he tenido que enfrentarme hace unos días. Tras observar que de los armarios salían objetos que ni siquiera recordaba tener, me he dado cuenta con horror de que formo parte de esa masa consumista y olvidadiza que compra, guarda y acumula objetos que no necesita. He encontrado de todo: billetes de avión de hace lustros, azucarillos procedentes del banquete de boda de una prima mía que se casó hace ya varios años, teléfonos móviles antediluvianos que pesan más que mi bolso, y monedas de todos los tamaños que ya no podré usar porque pertenecen a países que desaparecieron tras el Tratado de Versalles. Si a eso le añadimos el servilletero de madera con servilletas incluidas que no pienso utilizar jamás y los dos patos de cerámica de dudoso gusto, una descubre que a lo largo de su vida no ha hecho más que coleccionar simples trastos (por mucho que intentemos embellecer su presencia llamándolos bibelots, recuerdos o souvenirs).

Lo mejor de ciertas situaciones es que, cuando una pasa a comentarlas con los demás en lo más álgido del ataque de nervios, observa que no es el primer ser humano que ha pasado por ellas, y ya se sabe aquello tan generoso del mal de muchos... Una de las cosas más bonitas que me han dicho en los últimos meses se la debo a un amigo que me contó que, muchos años después de su última mudanza, al descubrir una caja aún sin abrir, decidió tirarla, sin más. Si había pasado tanto tiempo sin usar lo que había en su interior, podría seguir viviendo perfectamente sin lo que fuera muchos años más. Qué alentador.

Anuxi Varilla

Sevilla

Escrito por: Anuxi 1 comentario 11 Jun 2008 URL Permanente

1 comentario · Escribe aquí tu comentario

Maria

Maria dijo

En mi casa los cajones y armarios tienen vida propia, andan por libre. Cuando quiero darme una vuelta por los entresijos de mi vida, lo único que tengo que hacer es darles la vuelta a estos seres inanimados. Lo que suelo encontrar en sus entrañas, unas veces me anima,” me hace gracia” y otras me llenan de nostalgia, la mayoría de ellas de indecisión (esto lo tiro…esto no, esto lo guardo… esto tambien). La jornada del orden suele acabar en un sin vivir, de tirar y rescatar de la basura los objetos mas variopintos, decidiendo completar, tal ardua tarea, otro día que tenga menos ñoño o mas proclive al desahucio.

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