La guerra de las cacerolas

La denuncia de Santi Santamaría sobre la utilización de productos químicos en la alta cocina y sobre el afán crematístico de los grandes cocineros ha desencadenado una ofensiva del resto de los grandes chefs, capitaneados por Ferrán Adriá, que culpan al primero de protagonismo mediático y falta de respeto y de educación para el resto de sus colegas. La opinión pública asiste estupefacta a esta guerra de las cacerolas entre cocineros acostumbrados a cobrar a sus clientes entre 150 y 400 euros por comensal. Hace ya años, cuando comenzó la llamada nueva cocina, advertimos del peligro que suponían los restaurantes que te servían exiguas raciones, casi simbólicas, perdidas en enormes platos cuadrados, decorados en su fondo con salsas coloristas, como si fueran cuadros de Miró. Porque, además, el minimalismo en las raciones estaba en proporción inversa al maximalismo en el precio. A la tradición de la cocina española, basada en las excelentes materias primas y la abundancia en los platos, en la autenticidad de los sabores, vino a sucederle, de la mano de los nuevos cocineros, la desconstrucción y la desestructuración (palabras temibles) de manjares exquisitos, y la utilización, en mínimas dosis, de materias buenas pero muy baratas, adornadas con criterios florales, y a precios astronómicos. Así se ha visto cómo el lomo de sardina adquiría cotizaciones mareantes.

Se presenta la cocina de fusión como un logro innovador cuando lo cierto es que la fusión se hizo en España durante siglos con las cocinas regionales, tan variadas y ricas, con las cocinas árabes y judías asimiladas, con las importadas de la aventura americana, en un acervo riquísimo de recetas procedentes de la tradición y la herencia. Todo puede ser renovado, pero no con criterio de laboratorio en el que se experimenta con sabores y con olores, y mucho menos a precios disparatados.

Anuxi Varilla

Sevilla

3 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Morlaco

Morlaco dijo

Pues sí señor. Tienes razón. Y también la tiene Santi Santamaría. Es la vieja historia del traje del emperador. Si quieren hacer arte de vanguardia con la comida, que expongan su comida en los museos.

Mujer

Mujer dijo

Hoy en dia cualquier cosa es motivo de disputa ..

Gorgonzola

Gorgonzola dijo

Dices...

Todo puede ser renovado, pero no con criterio de laboratorio en el que se experimenta con sabores y con olores, y mucho menos a precios disparatados.

¿Y por qué no se puede? ¿Está prohibido? ¿Es pecado? ¿Acaso esa experimentación tiene la culpa del cambio climático? ¿Utilizan carne humana? ¿O simplemente no se puede porque a ti no te gusta?

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