18 Ago 2009
He de confesar que estoy disfrutando con la guerra desatada por la TDT de pago. ¡Qué diferente versión ofrecen los grupos implicados! Por un lado, el bando beneficiado, Mediapro, la Sexta y Público, apoyados por Unidad Editorial (el grupo de El Mundo y Marca), que sólo ven avances en esta medida ; por otro, Prisa, el grupo de Sogecable, El País, As, Editorial Santillana..., que han asegurado que el decreto de la TDT de pago "no tiene fundamento legal", que se trata de una reforma "urgente y precipitada", citando el informe (no vinculante) del Consejo de Estado, y llega a denunciar el intervencionismo del Gobierno en los mercados.
El beneficio del televidente, la equiparación con Europa o el impulso de la televisión digital son los argumentos dados por los primeros. El problema es que Mediapro ha irrumpido con una fuerza desconocida en un territorio gobernado hasta ahora sin oposición por Prisa. Digital + era, junto a Telefónica y Ono, la única plataforma de pago (tan deficitaria, que estaban deseando venderla como fuera, por cierto) hasta ahora, con lo que el pastel quedará ahora mucho más repartido. La oferta del canal de fútbol ha tenido que ser rebajada a 15 euros para equiparse a Goltv. Sólo un dato: en las Navidades de 2005, Digital+ redujo de 90 a 45 la cuota de sus abonados y en esas mismas fechas lo rebajó excepcionalmente a los 6 euros. La razón, la irrupción de la TDT. Lo sucedido ahora no deja de ser otro buen ejemplo de lo que sucede cuando surge la competencia.
Y la respuesta de Prisa ha sido tan contundente como cabía esperar. Ya el año pasado, Alfredo Relaño , director de As, despotricaba contra el fútbol gratis de La Sexta recordando que en Alemania se había demostrado que este modelo no era sostenible. "Si queremos los mejores equipos, se necesita el dinero de las televisiones (de pago, claro está) para pagar a los mejores jugadores", venía a decir. Ahora han acusado al Gobierno de favorecer a Roures y compañía. "Amiguismo", aseguran. "Incluso el Consejo de Estado está en contra", continúan. ¿Qué dice Mediapro? Básicamente, que resulta irrisorio que dicho grupo se queje cuando fue Felipe González quien permitió el advenimiento de las televisiones privadas en 1989 y Zapatero quien permitió a Cuatro emitir en abierto?
Tienen razón al criticar que haya que comprar ahora otro descodificador para poder captar esta nueva modalidad de TDT, pero el resto de sus argumentos no tienen base ninguna. Simplemente tratan de mantener su monopolio en un negocio de lo más lucrativo. Lógico dentro de la lógica de los beneficios, la misma que sigue también Mediapro. ¡Las vueltas que da el mercado!
P.D. Es curioso toda esta guerra cuando un programa de éxito como 'Callejeros', emitido en Cuatro, esté producido por Mediapro.
13 Ago 2009
En el anterior post hablé sobre las series de televisión y el rasgo en común que todas ellas tienen: un sentido irreal de la justicia, conocido como "happy ending", que hace que siempre terminen bien. Este terminar bien significa que los forenses siempre dan con el asesino, los policías resuelven todos sus casos (incluso los sucedidos hace veinte años. ¡La perfección de los investigadores es tal, que se aburren con los crímenes del presente para dedicarse a los pasados! ), los médicos dan con un diagnóstico complicadísimo o los presos escapan con éxito... Nada de esto tiene que ver con la realidad, pero habrá que pensar que a la audiencia no le gusta que le cuenten la cruda realidad. Ya la viven todos los días. La televisión como vía de escape, que se suele decir.
Visto esto, me llama todavía más la atención la afición que tenían los antiguos griegos hacia el teatro. Tenían comedias, sí (Aristófanes es sólo uno de los varios autores de comedias que hubo), pero los festivales giraban en torno a las tragedias. Como ocurre en la actualidad con las series, el final ya era conocido: Edipo mataría a su padre y yacería con su madre. El "unhappy ending" estaba garantizado. ¡Qué distinto a nuestra costumbre de que todo termine felizmente! ¡Evadirse sufriendo!
Mirar a la realidad cara a cara es propio del superhombre, que diría Nietzsche; es sonreir, como hacía el Sísifo de Camus, ante su irremediable destino ligado a la maldita roca montaña arriba; pero es demasiado difícil de soportar. ¿Alguien imagina una serie en la que el asesino siempre quede impune o todos los enfermos fallezcan?
30 Mar 2009
Ha comenzado la temporada de Fórmula 1 y me han llamado la atención dos cosas: una, lo feos que son los coches, que parecen cosechadoras con esos alerones delanteros tan anchos; y dos, la escasa innovación en la retransmisión. No es culpa de la Sexta, que lo hace igual que T5, sino de la realización que hace la propia empresa de Ecclestone. Salvo el tema del Kers, prácticamente no hay novedades.
Una forma de hacer más atractiva la retransmisión sería personalizarla al máximo, es decir, ofrecer la posibilidad de cada aficionado vea la carrera con el piloto que desee. Poniendo una cámara en cada uno de los bólidos y conectarla a Internet serviría para que los grandes aficionados no sólo disfrutasen de la carrera, sino que siguieran a su piloto favorito en todo momento. Evidentemente, el coste sería muy alto, pero habría que tener en cuenta que se podría introducir una publicidad diferenciada por países (es de esperar, por ejemplo, que la mayoría de españoles siguiera a Fernando Alonso) e incluso precisar más haciendo registrarse a los usuarios para conocer sus intereses -esto se hace muy a menudo cuando a uno le piden rellenar un formulario para registrarse en cualquier tienda digital-. Si me apuran, y siguiendo el modelo de los videojuegos, se podrían ofrecer varias posibilidades de visión: perspectiva del piloto, desde la parte trasera, desde arriba (ya se hace, por ejemplo, con el tráfico; se puede ver la situación de la A-8 en varios tramos)...

De esta forma, habría dos formas de ver las carreras. Una, la tradicional y uniforme que vemos ahora en la televisión. La otra, que conllevaría un pago extra, la personalizada gracias a Internet. Las sesiones de los viernes ya se ven en la Red, por lo que no me parece que estemos tan lejos de esta propuesta. Tiempo al tiempo.
10 Mar 2009
En la antigua Grecia había auténtica pasión por el teatro. Todos los años se celebraban varias festividades que tenían a éste como foco de atención. Las Grandes Dionisas eran la gran referencia al reunir a una gran masa que disfrutaba, durante seis días, de las representaciones de Esquilo, Sófocles o Eurípides. Sin embargo, lo que me interesa destacar aquí es el uso de un recurso dramático que servía para "salvar" una obra de mala calidad: 'el deus ex maquina'. Cuando una tragedia no tenía un final bien trabajado, se recurría a la irrupción de un dios (introducido literalmente por una máquina, de ahí el nombre) para solucionar el enredo y satisfacer a los asistentes. En concreto, se acusó a Eurípides abusar de este recurso.
Todo esto viene a cuento de una de las series que más éxito han tenido en España en los últimos tiempos: Prison Break. La historia, en principio, era muy atractiva: un joven ingeniero de estructuras trata de sacar de la cárcel a su hermano por un delito que no había cometido. Para ello, se hace tatuar en el torso y brazos el plano de la prisión y los pasos que debía dar para conseguir su objetivo. La peripecia se va complicando a medida que aparecen nuevos personajes y la intriga va creciendo hasta que logran su objetivo. Un final esperado para una narración bien llevada. Sin embargo, la historia continúa con la huida de los presos y la persecución implacable de "La compañía", la organización secreta con influencias en el gobierno estadounidense que había llevado a la cárcel a Barrows, que así se llama el desdichado personaje.
Los giros argumentales y sorpresas de la primera temporada son asumibles en cualquier serie y hacen de esta primera parte una historia-ficción muy recomendable. Pero lo que en principio son giros argumentales, en el resto de temporadas se convierten en un recurso demasiado utilizado y que poco a poco va restando credibilidad al argumento. La aventura de Panamá de la tercera temporada y la venganza de la cuarta no hacen sino incrementar la impresión de que los guionistas han perdido el norte. Continuos golpes de efecto para mantener la atención, una señal inequívoca de que el argumento principal no se sostiene por sí mismo. A lo que parece, "el deus ex maquina" está de nuevo en uso.Y como sucediera en la antigua Grecia, es indicativo de malos trágicos.
04 Feb 2009
Una pregunta carcome en los últimos años al sector de la prensa: ¿qué pasa con los periódicos?; es decir, ¿por qué no nos leen?, ¿por qué caen las ventas? Las hipótesis más habituales son la competencia de los diarios gratuitos, el bajo índice de lectura, el poder tradicional de la televisión y el cada vez mayor peso de Internet; mientras que las respuestas son innovar con diseños más atractivos que incluyan más imágenes e infografías, potenciar las promociones o apostar por titulares más llamativos. Aun así, la situación no mejora y la pregunta sigue en el aire.
Parece claro que la televisión, desde su irrupción en la década de 1950, ha cambiado la forma de ofrecer la información. El poder de las imagen no tiene comparación debido a que la vista es el más desarrollado de los sentidos humanos. Ningún otro ofrece tanta información ni es absorbido con tanta facilidad (seguramente por eso la radio no haya influido tanto en este fenómeno). A esta su gran ventaja se le ha de añadir su mayor capacidad para actualizar la información. Los acontecimientos del día aparecen reflejados ese mismo día y no hay que esperar al periódico de la jornada siguiente para informarse.
Creyendo que era el poder de la imagen la clave del éxito de la televisión, la prensa ha apostado
en los últimos tiempos, como ya he dicho, por hacer más amena la información con fotografías, gráficos e imágenes de todo tipo. Una apuesta plausible pero creo que fútil. La clave está en el segundo aspecto, en la capacidad de actualización, una capacidad incrementada todavía más por Internet. La nueva pesadilla del periódico escrito cuenta, como la tele, con el poder de la imagen, pero con una velocidad de actualización todavía mayor. Ya no hay que esperar a una conexión o a los informativos del día, sino que prácticamente al instante se puede conocer lo que sucede al otro lado del mundo. ¿Cómo competir con esto?
Muchos se refugian en el hecho de que el periódico es un medio más reflexivo y "profundo" donde uno puede leer unas noticias más elaboradas con mayor tranquilidad. Otro error, creo. Realmente el mundo del periodismo es puramente horizontal, es decir, no está orientado a analizar en profundidad los acontecimientos (sobre el tema de la horizontalidad en la sociedad actual, Alessandro Baricco escribió un recomendable -en algunos aspectos- 'Los bárbaros. Ensayo sobre la mutación'); no es un mundo de especialistas. Los periódicos, cuando nacieron, perseguían ofrecer noticias lo más rápidamente posible; de hecho, la propia estructura de las noticias permite enterarse de los que ha sucedido con el titular y el primer párrafo (Y los periodistas tampoco son especialistas en nada. Conocen, en teoría, una técnica -trasladar al lector la noticia-, pero no es un contenido específico). Ahora se han visto superados por la propia necesidad que les dio la vida: la velocidad y necesidad de actualización de la información. Otra época, otra velocidad, otro medio.
28 Ene 2009
Huelga insistir en la importancia de los medios de comunicación a la hora de conformar la realidad. Dicho de forma más clara, lo que no aparece en los medios, parece no existir. Nada nuevo. Sin embargo, un gran artículo de Màrius Serra publicado en La Vanguardia el pasado 22 de diciembre pone sobre la pista de un fenómeno evidente que suele pasar inadvertido: la creciente aparición de las cámaras de televisión en los propios vídeos informativos. Lo que en principio podían parecer imágenes de recurso, hoy se han convertido en el indudable sello de calidad y fiabilidad. ¿Acaso cabe pensarse en que un hecho sea falso o poco importante si tantas cámaras están presentes? La idea es clara: cuantas más cámaras, mayor será verosimilitud de la noticia.
Como dice el propio articulista, existe una contradicción entre este nuevo fenómeno y los programas basados en las cámaras ocultas y la telerrealidad. Por un lado, la presencia mediática es requerida para "demostrar" la seriedad de la información (tengo comprobado que la gente no cuestiona lo que aparece en la televisión; al respecto, recomiendo la película "La cortina de humo", protagonizada por Robert de Niro y Dustin Hoffman y las geniales palabras del personaje interpretado por el primero:“Claro que hay guerra -en referencia al conflicto inventado por él contra Albania para tapar un escándalo presidencial-, lo he visto en la tele”.); pero, por otro, nos encanta ver cómo la gente enseña sus vergüenzas ante una cámara omnipresente en su ausencia. Fascinante este nuevo paso adelante de la sociedad espectáculo auspiciada en los medios de comunicación.
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