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31 Ago 2009

Existe una confusión en torno a lo público que conviene desechar: la de que público significa gratuito. Viene esto a cuento de la subida de impuestos que parecer querer impulsar el Gobierno y a la situación de la sanidad. Vayamos por partes.

La solución ortodoxa para salir de la crisis en la que nos encontramos ha sido la siguiente: si como consecuencia del crecimiento del paro los consumidores no gastan, que sea el Estado quien lo haga. El sector público, siempre sospechoso para el homo economicus, se convierte en salvador del sector privado. Bien. Es la receta keynesiana. Sin embargo, parece que por ser público, no cueste nada. 2.500 euros del cheque-bebé, más 400 para los contribuyentes, más otros 420 para los parados que han agotado los subsidios y otros 8.000 millones para el Plan E . ¿Resultado? Que la crisis sigue en pleno auge y el Estado se ha endeudado de forma inútil.

Parece que sólo ahora que se plantea la subida de impuestos (bien sobre las rentas superiores a 50.000 euros anuales , bien sobre los beneficios no ligados al trabajo -inversiones bursátiles...-) nos damos cuenta de que todo ese dinero invertido -a la vista de los hechos, más bien malgastado- no sale de la nada. El Estado se alimenta de los impuestos, directos e indirectos. Como su primera apuesta, la de reactivar los indirectos a través del consumo, no ha salido bien, el Gobierno apuesta ahora por la de los impuestos directos.

La impresión que han dado todas estas medidas es que no respondían a un plan concreto. Cuando Solbes abandonó el Ejecutivo, la sospecha de que estaba harto de todas estas improvisaciones fue adecuadamente destacada en los medios. Y es que una cosa es que se predique el gasto público para salir de la crisis (lo que ya de por sí es discutible), y otra es que se malgaste el dinero público. Sólo ahora, cuando "amenaza" la subida de impuestos, la "mayoría satisfecha" parece darse cuenta de que público no significa gratuito.

Otro ámbito donde se da esta misma confusión entre lo público y lo gratuito es el sanitario. Y es que parece que identificamos sanidad pública con sanidad gratuita. Cuando vayan a la farmacia, observen el precio de los medicamentos y el precio que pagan realmente. ¿Adivinan quién abona la diferencia? Sí, el Estado, es decir, los impuestos, es decir, todos y cada uno de nosotros aunque sea en un porcentaje ínfimo. Como consecuencia del abuso que hacemos de la sanidad pública, tendremos que empezar a valorar realmente lo que nos cuesta. Cuando tengamos que pagar por ello, sabremos realmente que lo público no es gratuito.

En conclusión, los bienes públicos, sean los impuestos, sea la sanidad, se han de emplear con el mayor cuidado posible. Y esto se debe exigir al Gobierno, claro, pero también a los ciudadanos. Existe, creo, una "mentalidad funcionarial" que ve lo público como algo de lo que ha de ser aprovechado en contraposición a la gestión que se hace en el sector privado. Cuando a uno no le afecta directamente, el fraude no es fraude. Falso. Lo de todos, precisamente por ser de todos, ha de ser especialmente "mimado". Si no, al final viene la subida de impuestos y, con el tiempo, la sanidad privada.

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22 May 2009

“Con la espada y el compás, más y más, más y más”, decía un adagio castellano muy utilizado en el siglo XVI en referencia al apetito por nuevas conquistas en el por entonces recién descubierto continente americano. Lo mismo parece querer decir la medida aprobada por el Gobierno de Zapatero para permitir que jóvenes de 16 años puedan abortar sin el consentimiento de sus padres. “Más y más, más y más”.

¿Es ésta una “medida progresista”, como suelen decir sectores de la izquierda en este tipo de asuntos o es un “atentado” y una “irresponsabilidad” como asegura la derecha? Hablar de moralidad supone entrar en terreno pantanoso en el que difícilmente se pueden llegar a acuerdos, pero sí que convendría pensar sobre los límites sin adentrarnos en el movedizo ámbito del bien y del mal.

Nada, en teoría, tiene que ver con la moral (con la moral religiosa, al menos) el hecho de que no se pueda conducir, comprar alcohol o votar hasta los 18. Estas medidas responden a una cuestión de madurez y de legalidad. Se considera que a esas alturas las personas ya están lo suficientemente formadas para tomas estas decisiones y asumir sus consecuencias; de ahí que la plena responsabilidad penal comience en ese momento.

La pregunta, entonces, es clara: ¿se puede ser maduro o responsable para abortar a los 16 y no para conducir o votar? Es cierto que la sexualidad humana tiene un componente lúdico (somos la única especie en permanente estado de celo; al respecto, recomiendo el libro de Jared Diamond ‘¿Por qué es divertido el sexo?’); pero ello no quiere decir que sus derivaciones también lo sean. ¿Son más graves las consecuencias de abortar a los 16 que de comprar alcohol o conducir a esta misma edad?

Educar supone justamente saber decir que no, establecer límites. El 'sí a todo' tiene el beneplácito de la "visión progresista del mundo", aquella que entiende como "bueno" todo lo que suponga la eliminación de las prohibiciones. Dado que tiende a ser inútil discutir desde la moralidad, planteo la argumentación desde la legalidad y la responsabilidad. Mostrar la evidente contradicción que encierra esta medida desde esta perspectiva amoral quizás ayude a pensar sobre si esta ley es adecuada o no.

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16 Ene 2008

Todos los aficionados a la Fórmula 1 ya lo saben: el otro día se presentó el Ferrari de la temporada 2008. Nada de particular tuvo el acto. Presentación del coche, protocolaria rueda de prensa en la que los pilotos dicen tener grandes esperanzas, exclamaciones sobre la belleza del nuevo bólido y demás tópicos. Lo que me llamó la atención fue el tratamiento que dio Telecinco a unas declaraciones de Raikkonen. Éste es el motivo de este post.

Como sabemos, Telecinco tiene un auténtico filón con Alonso. Cogiendo el testigo del lamentable trabajo que hizo la televisión pública con este deporte y con la fortuna de haber coincidido con la explosión del asturiano, la cadena privada está disfrutando de unos resultados espectaculares. No es de extrañar que insistan tanto en este producto (poco les queda en principio, pues los derechos de la próxima temporada están en manos de Mediapro y los directivos de T5 no parecen muy dispuestos a pagar lo que se les pide desde la productora de La Sexta); les va el negocio en ello.

Pues bien, con motivo de la citada presentación, Pedro Piqueras afirmaba que Raikkonen "provocaba" y "desafiaba" a Alonso al afirmar que no le veía como favorito al título porque el Renault no había tenido buenos resultados la temporada pasada. Provocación y desafío, la carnaza ideal para un titular que atraiga a los nuevos seguidores de este deporte.

Procedo de un campo ajeno al periodismo y no me gusta nada la relación existente entre el titular y negocio, es decir, entre la necesidad de informar y la necesidad de atraer lectores-compradores-televidentes. El caso del que hablo es uno más. Recordemos el caso de los enfrentamientos Barca-Chelsea, cuando se buscaban con insistencia las palabras de Mourinho para agitar aún más los ánimos o la forma que tienen los periódicos de "calentar" los derbies. Eso sí, cuando sucede alguna desgracia, descargan toda responsabilidad en la sociedad, ese ente que es culpable de todo pero que nadie sabe de qué se alimenta. Pues sí, buena parte de su alimento lo proporcionan los medios de comunicación y en lugar de la carnaza que le dan, deberían ofrecerle una vianda infinitamente más provechosa: se llama responsabilidad.

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