27 Oct 2009
El día 20 de diciembre de 1956 Bruselas amaneció cubierta por la niebla. El lugar fijado para el partido era el estadio Heysel, eternamente recordado por la muerte de 39 aficionados en la final de la Copa de Europa entre el Liverpool y la Juventus de 1985. Un minuto de silencio, probablemente por la situación de Hungría -digo probablemente porque el cronista no lo especifica- precedió al encuentro.
El Mundial peligra para Brasil
El país del fútbol samba les acogió con entusiasmo. Maracaná vio cómo 90.000 espectadores se reunían para presenciar el enfrentamiento entre el Flamengo y el Honved. A la cita acudió también el presidente de la República, Juscelino Kubitschek. El marcador reflejó un espectacular 6 a 4 a favor de los brasileños. Días después, el 27 de enero, los húngaros se tomaron exacta y cumplida revancha cuando ganaron a los brasileños por el mismo tanteo.
El final de la aventura
La presión finalmente hizo efecto y la expedición decidió regresar a Europa tras disputar algunos de los partidos acordados. Algunos, como Puskas, Kocsis y Czibor, pagaron su insitencia con una inhabilitación de dos años. Sólo en 1958 pudieron fichar, el primero por el Real Madrid, y los dos últimos, por el Barcelona, convencidos por la presencia de otro húngaro ilustre como Kubala, a la sazón cuñado de Daucik, el entrenador del Athletic. Otros, como los porteros, Farago o Grosics, regresaron a su país para seguir jugando al fútbol.
Puskas, tras ser declarado "traidor a la patria", sólo pudo regresar a Hungría en 1981, y Kocsis se tiró desde la séptima planta del hospital en el que se trataba de un cáncer en 1979. Así terminó una aventura que había comenzado con un simple partido de Copa de Europa y que se complicó con los tanques soviéticos, viajes interminables, amenazas, reencuentros, porteros que son sustituidos y vuelven a jugar, amenazas a Brasil... Una historia que, en definitiva, merecía ser contada.
26 Oct 2009
El Honved llegó el 19 de noviembre a la estación de Hendaya. Se estableció, como en las películas de espías, una "contraseña" para identificar al delegado de la expedición. El mensaje iba dirigido a un representante del Athletic, otro de la Real Sociedad y un tercero del Barça. No es de extrañar la presencia del primero, anfitrión al fin y al cabo, pero ¿qué hacían allí los otros dos? En otra de las muchas curiosidades que menudean en esta historia, los húngaros no pensaban alojarse en Bilbao, sino que lo harían en San Sebastián y se entrenarían en Atocha. ¿Y qué interés tenía el Barcelona? Pues el mismo que muchos otros equipos en aquellos momentos: cerrar un partido amistoso con los 'Globetrotters' del fútbol europeo.
Por fin se podía ver de cerca a los 'fenómenos húngaros'. El más célebre, Puskas, lucía más neumático que atlético ("Parece más un comerciante que un futbolista superclase", decía el cronista de El Correo), lo cual tampoco era del todo negativo: se había llegado a rumorear con su muerte antes de que la expedición saliera de Hungría. Otro aspecto presentaba Csibor, muy preocupado porque había dejado en su país a sus tres hijos. "Algún jugador, si por él fuera, regresaría ahora mismo", decía el jefe de la expedición magiar.
El día D llegó y el Athletic se impuso en un gran partido por 3-2. Un gol anulado a última hora podía haber mejorado un resultado no especialmente alentador para la vuelta. Puskas, como reconoció él mismo, no había estado brillante y era probable que en la vuelta su actuación no fuera la misma. Así fue. Pero ¿dónde se jugaría la vuelta? ¿En Budapest, con los tanques gambeteando por las calles? ¿En Hungría, un país al que los jugadores se negaban a regresar para jugar un partido internacional contra la selección sueca en el mes de diciembre?
La vuelta, en Bruselas
Durante unos días se especuló con que el segundo encuentro se disputaría en Valencia. Rumor vano, porque el lugar elegido finalmente fue Bruselas. La fecha, el 20 de diciembre. ¿Qué haría el Honved hasta entonces, dado que estaba claro que no regresarían a Hungría?
La respuesta, seguir con la "gira turística" (así lo calificó algún cronista molesto por tanto baile de fechas para dilucidar la eliminatoria) iniciada a principios de noviembre. El primer "bolo" se jugó el 29 de noviembre en Madrid contra un sorprendente combinado entre el Real Madrid y el Atlético. Di Stéfano, Gento, Joaquín Peiró (ex entrenador del Málaga) o Santiesteban (el que fuera tantos años seleccionador de las categorías inferiores de España) estaban en tan atípico equipo que logró empatar a cinco.
La siguiente estación de paso fue Sevilla, donde se produjo otro hecho inaudito: Betis y Sevilla formaron un combinado para hacer frente a la potencia húngara. Si ya llama la atención la unión del Real Madrid y Atlético, más todavía lo hace ésta de los eternos rivales sevillanos. El resultado, un espectacular seis a dos para Del Sol (jugador posteriormente del Real Madrid y de la Juventus), Arza (considerado el mejor jugador de la historia del Sevilla) y compañía.
por 2 a 1 al Milán ante 40.000 espectadores. Unos días después harían lo propio con el Palermo, al que batieron por 6 a 3. Sin embargo, más importante fue que Puskas esperaba ya en la capital lombarda a su mujer y su pequeña hija, que habían huido de Hungría a finales de noviembre. La odisea del Honved parecía no tener fin.
L´Equipe y Marca piden la exclusión del Honved
Por estas fechas los húngaros contrataron una gira de tres meses en Sudamérica. Esto implicaba que en caso de pasar la eliminatoria contra el Athletic, la ronda de cuartos de final contra el Manchester United debería ser aplazada hasta el regreso de la expedición a Europa. Este hecho colmó la paciencia de periódicos como L´Equipe y Marca, que consideraban que la competición no podía esperar a que el Honved cumpliera con lo que no dejaban de ser unos partidos amistosos.
Mientras, la situación en Hungría no mejoraba. El día 14 de diciembre, con el gobierno de nuevo en mano de los pro-soviéticos, se informaba de una encarnizada batalla entre los obreros húngaros y las tropas de ocupación. El 18, la seguridad en la zona aumentó notablemente con la visita a los campos de refugiados húngaros en Austria del vicepresidente de EE UU, Richard Nixon. Casi nada.
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