19 May 2009
“La lotería de los penaltis”, “somos profesionales”, “sólo quiero que me valoren”, “el gol es cuestión de rachas”, “ya nadie gana por la camiseta” o “tengo un proyecto a largo plazo encabezado por X director directivo" son algunos de los ripios más utilizados por futbolistas, entrenadores, presidentes y periodistas deportivos. Lo más curioso es que a pesar de su nulo significado, estos tópicos acaban por calar y se convierten en supuestas verdades. Como diría el economista John Kenneth Galbraith, son un “fraude inocente”.
Empecemos por la lotería de los penaltis. Es curioso comprobar cómo la forma más sencilla de meter un gol se convierte en subterfugio para explicar derrotas. Nadie dice que un penalti en el minuto 53 de cualquier partido es una lotería, pero sí lo son las tandas para resolver empates en partidos interminables. ¿Cuál es la diferencia? Es más, ¿por qué en muchas ocasiones se especifica, con cierta intención de restar méritos, que un jugador ha metido X goles, de los cuales la mitad han sido de penalti?¿Acaso alguien -por hacer un paralelismo con otros deportes- dice que un tiro libre es una lotería?
La reivindicación de la profesionalidad es otro de los tópicos más extendidos. ¿Qué quiere esto decir? En este mundillo, quiere significar algo parecido a cumplir con su trabajo de forma seria y abnegada; en realidad, que un buen profesional es aquél -en el caso de un jugador- que se “cuida”, es decir, que ni tiene sobrepeso, ni fuma, ni bebe alcohol. ¿Es esto algo extraordinario para un deportista? ¿Verdad que no? ¿Acaso un oficinista es un buen profesional porque ficha a su hora y se pasa ochos horas delante del ordenador? ¿Hay que creerse entonces esta repetitiva cantinela?
Muchos futbolistas piden sentirse valorados en sus equipos. ¿Qué quieren decir con ello? ¿Acaso reclaman un trato más cercano del presidente de turno? ¿Quizás que les nombren capitán del equipo o que les consulten los fichajes? Es legítimo que pidan más dinero, pero sería mejor idear subterfugios más convincentes y sobre todo, olvidarse del manido (Rivaldo fue un experto en ello) “tengo que pensar en el futuro de mi familia” cuando cobran cifras astronómicas. Sí, claro que piensan en su familia, pero no dicen en cuántas generaciones de la misma.
La disculpa más utilizada por los delanteros es el ripio de que el gol es cuestión de rachas. Pudiera ser, pero ¿por qué no se habla de rachas a la hora de realizar buenos centros, de dar buenos pases o de sacar bien los córners? Si un jugador centra a los jumbos (en acertada expresión de Maradona), se dice directamente que es malo, pero si un delantero falla cinco ocasiones, es que no está en racha. ¿Tiene esto algún sentido?
No me quiero olvidar del “ya nadie gana por la camiseta”, o de su pariente cercano, “ya nadie gana sin bajar del autobús". Quiere esto significar que en el fútbol de hoy en día, más profesionalizado (ya sabemos qué significa ser profesional en este gremio), todos los equipos son buenos. Y yo me pregunto, ¿cuándo se ha ganado sólo por el escudo de la camiseta? Nunca he oído a los jugadores veteranos decir tal cosa. Pero el absurdo va más allá. Inmediatamente después de afirmar que hoy en día todos los equipos son competitivos, se hace un sorteo de un torneo europeo, toca un equipo danés y se dice inmediatamente y sin conocer ni por aproximación al rival que son claramente inferiores porque la liga danesa no es competitiva. ¿En qué quedamos entonces? ¿No se había establecido ya que hoy en día "cualquier tonto hace relojes", como dice Luis Aragonés?

Aunque los ejemplos se podrían multiplicar, terminaré con un tópico que nació con la llegada de Jorge Valdano al Real Madrid como director deportivo. Desde entonces, todo candidato a la presidencia de un club no puede presentarse sin un "proyecto a largo plazo" encarnado en esa figura emergente que es el director deportivo. ¿Qué significa "proyecto a largo plazo"? ¿Qué hace exactamente un director deportivo? Supuestamente se trataría de modernizar la estructura de los clubes y de no quedar al socaire de los resultados; en realidad, es evidente que nada ha cambiado y que en cuanto la situación se tuerce, se acaba el proyecto deportivo y se recurre al revulsivo del nuevo entrenador. ¿Modernidad, qué modernidad?
20 Nov 2008
A nadie que conozca le gusta pagar impuestos. Nadie siente una emoción especial cuando ve la retención en la nómina o que la declaración de la renta le sale negativa. Sin embargo, continuamente pagamos impuestos sin darnos cuenta. Comprar, consumir, la clave de la economía mundial, significa también pagar al Estado de forma encubierta.Y eso no nos molesta tanto. Es la diferencia que existe entre los impuestos directos y los indirectos: unos se ven y los otros no.
Cuando el Gobierno da ayudas para incentivar el gasto de los ciudadanos (los famosos 400 euros) sabe bien lo que hace: estimula la actividad de las empresas, pero también llena las arcas públicas. Y bien que hace, si luego lo obtenido se invierte bien. Para sorpresa de muchos, hay un impuesto que la mayoría paga gustosamente, especialmente por estas fechas: la lotería.
Sí, la ilusión de todos los años, no deja de ser un recurso recaudatorio que el Estado implantó en 1767 para obtener más recursos. Carlos III, que había sido virrey en Nápoles antes que rey en España, conoció esta fórmula en Roma y la trajo como una vía de financiación más. Se llamó 'rentas estancas' y se correspondían a un monopolio estatal como el existente sobre el tabaco, la sal o el papel sellado. La lotería de Navidad nació años después, a principios del siglo XIX. La situación económica, con la Guerra de Independencia, era aún peor y qué mejor que reflotar la economía que despertando la ilusión de la población; qué mejor que hacerlo con... ¡un nuevo impuesto!
Así que ya saben. Cuando estos días les ofrezcan lotería de mil y un rincones, tengan bien claro lo que están haciendo: pagar impuestos.

P.D. Si piensan que es un impuesto muy 'especial' porque da la oportunidad de ganar una fortuna, se equivocan: los matemáticos calculan que, en conjunto y en el mejor de los casos, lo que se gana sólo equilibra lo que se ha invertido en los boletos. Una ilusión menos.
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