02 Abr 2009

Que el Athletic es una religión en Vizcaya no es nada nuevo. La fiebre despertada por la final de Valencia es la muestra más reciente de ello, pero es difícil olvidar el fervor que produjeron las victorias de los años ochenta, que elevaron a la gabarra a la categoría de leyenda rojiblanca. Sin embargo, más atrás en el tiempo, se descubren hechos si cabe más sorprendentes. Y es que el Athletic ha sido capaz de competir incluso con la firma de la Carta de las Naciones Unidas. Lo nunca visto.
Resulta que el 25 de junio de 1945 el Athletic ganó la final de la Copa del Rey al Valencia. El partido fue muy emocionante y hubo que esperar al minuto 90 para que Iriondo marcase el gol de la victoria. Era el 3-2 y el partido pasaría también a la historia porque en él se produjo un hecho insólito: Zarra fue expulsado por primera y única vez en su carrera. Como era de esperar, los periódicos vizcaínos -en este caso, El Correo- reflejaron al día siguiente la importancia del hecho como merecía. Pero es que ese día 26 de junio coincidió con la firma de la Carta de la ONU en San Francisco, un hecho capital para un mundo que acaba de salir de la II Guerra Mundial.
La creación de una institución de gobierno de nivel global suponía un paso adelante para superar el fracaso que había supuesto la Sociedad de Naciones. Truman, recién elegido presidente de Estados Unidos tras la muerte de Franklin D. Roosevelt, garantizaba que su país no se apartaría de tan importante iniciativa en esta ocasión. Pero el Athletic es el Athletic y el corazón de la portada de aquel día se lo llevaron los leones.
Otras coincidencias
Ésta es la más curiosa de la coincidencias entre el Athletic y hechos históricos. La I Guerra Mundial combatió por el protagonismo en las portadas con la victoria copera de los leones frente al Madrid de Santiago Bernabéu (sí, el que después sería presidente fue jugador del equipo blanco) en 1916. Años después, en 1942, los combates en Sebastopol tuvieron como rival a la final que el Athletic perdió con el Barcelona. Eso sí, ni siquiera el Athletic pudo con el Régimen franquista: la visita del ministro de Gobernación a Vizcaya se llevó el protagonismo del día.
Particular fue la portada del 29 de mayo de 1950. El día anterior, Zarra marcó cuatro goles al Valladolid para lograr la Copa. Pero es que ese día se hablaba de un célebre caso de espionaje, el protagonizado por el doctor Fuchs, que ejerció de espía para la Unión Soviética tras haber participado en el desarrollo de la bomba atómica en el Proyecto Manhattan. Tampoco la Guerra Fría pudo con los leones.
Son estos algunos de los ejemplos que se podrían poner sobre el peso que el Athletic tiene en Vizcaya. Así, las colas por la final de Valencia no deberían sorprender tanto si se tiene en cuenta que ni siquiera la instauración de la ONU logró restar protagonismo a los leones.
17 Ene 2009
Israel sigue sin dar en la tecla para solucionar la encrucijada en la que se encuentra y la política de línea dura, del ojo por ojo, no parece que vaya a dar los resultados que esperan. Benny Morris, catedrático de Historia de Oriente Medio de la Universidad Ben-Gurión, afirma en un artículo publicado por El País que son cuatro los grandes problemas que azoran al estado hebreo: la presión guerrillero-terrorista de Hamas por el sur y de Hezbolá en el norte; la presenciad de Irán en el este, y el espectacular crecimiento demográfico de la población árabe-israelí, que temen se convierta en una especie de quinta columna. Me quedaré con los tres primeros, porque el último responde a una naturaleza muy diferente y merecería un comentario aparte.
El más convencional de estos problemas quizás sea el iraní. Al fin y al cabo, se trata de un enfrentamiento convencional: sabes quién es el enemigo, sabes dónde está y que puede ser derrotado. Sin embargo, ¿cómo hacer frente a la volatilidad de los guerrilleros-terroristas? El 11-S supuso un cambio estratégico de cuyas consecuencias sólo ahora -gracias a las guerras de Irak y Afganistán- comenzamos a percatarnos: el combate tradicional, en el que dos contendientes (o dos bandos) perfectamente identificables y en equilibrio de fuerzas se enfrentaban y la victoria quedaba clara para uno de los dos; ha dado paso a una estrategia de guerrilla a nivel mundial. Al Qaeda es el mejor ejemplo. En este nueva era, el enemigo ya no es sólido, no es ningún ejército identificable al que pueda derrotarse en el campo de batalla; golpea en cualquier parte y huye; puedes acabar con uno, dos o mil, pero no lo has derrotado.
Hamás, desde el sur, y Hezbolá desde el norte son la gran pesadilla de los políticos-militares hebreos (curiosa convergencia esta en la que gran parte de los políticos en Israel han pasado por el ejército, un hecho similar a lo que sucedía en la antigua Roma), que con su respuesta no hacen sino ganarse enemigos entre la opinión pública internacional. Si esto es tan claro, ¿por qué insisten en una táctica tan poco productiva? En mi opinión, esta contradicción podría explicarse por una cuestión de legitimidad del estado. Acechado como se siente desde todos los puntos cardinales y desde el interior (no me resisto a hacer un pequeño comentario al respecto: ¿cómo resolver el problema de una población árabe que crece mucho más rápido que la hebrea y negarles el consiguiente reconocimiento en las estructuras de gobierno? ¿Acaso un nuevo apartheid al estilo sudafricano? Si con las estrategia del ojo por ojo ya han perdido la batalla de la solidaridad internacional, no me imagino lo que resultaría de esta segunda medida), lo único que no pueden hacer los políticos israelíes es nada. Detenciones, leyes e incluso asesinatos sólo tratan de hacer ver que el estado no está de manos cruzadas ante tantos y tan graves frentes.
¿Se imagina alguien que Estados Unidos no hubiera hecho nada tras el 11-S? Creo
que la política de Israel responde a esa misma necesidad acuciante de autolegitimarse, de hacer ver a sus ciudadanos que vela por su seguridad. La contradicción reside en que para lograr esta autolegitimación, pierde el apoyo de la comunidad internacional. Cierto que cuenta con el actor más importante, Estados Unidos, pero llegará un momento en que no podrán seguir mirando hacia otra parte. La pregunta entonces es: ¿permanecer de "brazos cruzados" y ganar puntos ante la opinión pública mundial o "actuar" y autolegitimarse? Hete aquí la encrucijada.
02 Dic 2008
"Dulce bellum inexpertis" ("Dulce es la guerra para los que no la conocen"), escribió Erasmo de Rotterdam recogiendo un viejo adagio latino. Razón tenía el sabio holandés del siglo XVI, una centuria preñada de conflictos bélicos. Pocos pondrían en duda esta afirmación, pero sí que es cierto que del esfuerzo que los seres humanos hacemos para aniquilarnos pueden surgir grandes creaciones.
Un primer ejemplo podría ser el propio Estado. Algunos historiadores como Charles Tilly han defendido que fue el creciente esfuerzo que requirió la guerra en los siglos XVII y XVIII (más hombres, más medios económicos...) el que alimentó un crecimiento espectacular de la burocracia que daría lugar a la increíble estructura alcanzada ya en el siglo XX, especialmente tras la II Guerra Mundial.
Más sorprendente aún es el caso de Internet. En 1969 el ejérci
to estadounidense decidió desarrollar un sistema de almacenamiento de información que no dependiera de un solo ordenador. De esta forma, en caso de que esa máquina en concreto sufriera algún problema, la información contenida no se perdería. Es el germen de esa asombrosa red que hoy en día es Internet. También la guerra está detrás de los ordenadores. Sus primeros balbuceos surgieron de la mente del matemático inglés Alan Turing, el hombre que logró descifrar el código 'Enigma' de los alemanes. Gracias a sus esfuerzos contra los nazis (y a sus teorías para hallar un método que confirmara los teoremas de Kurt Gödel) y a la nueva orientación que le dio John von Neumann nacieron las primeras computadoras.
La II Guerra Mundial también fue fecunda para la carrera espacial, al menos en lo que a los norteamericanos se refiere. Sabedores de los grandes progresos que el nazi Werner von Braun había hecho con las V-2 que caían sobre Londres, reclutaron a este científico para que desarrollara un programa capaz de rivalizar con los avances que los soviéticos estaban realizando en este campo.
Y, cómo no, la medicina también debe importantes avances al esfuerzo bélico. La quimioterapia es un ejemplo de ello. La idea de que los fármacos podían curar el cáncer surgió de observar los efectos del gas mostaza sobre los soldados en la I Guerra Mundial. Los combatientes afectados por esta sustancia presentaban niveles muy bajos de glóbulos blancos, cuya descontrolada acción es responsable, verbi gratia, de la leucemia. Curiosa forma de dar con una solución (por poco refinada que resulte) para el cáncer.
El caso de la penicilina es hasta cierto punto parecido. Surgió, sí, de la casualidad, que hizo darse cuenta a Alexander Fleming de las capacidades de un hongo (Penecillium notatum) con el que estaba trabajando. Pero el científico británico albergaba muchas dudas de que pudiera producir esta sustancia de forma masiva. Sería el esfuerzo británico en la II Guerra Mundial la que posibilitaría su uso en los soldados y ya en 1946 salió a la venta.
Estos son sólo algunos ejemplos de que cómo la peor de las manifestaciones del espíritu humano -la guerra- puede dar lugar a creaciones trascendentes. Dostoievki, gran conocedor de los entresijos de la mente humana, dejó escrito en los 'Hermanos Karamazov' una cita memorable: "el corazón del hombre es el campo de batalla entre dios y el demonio". Dicho queda.
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