26 Ago 2009
Sin embargo, otro efecto muy llamativo es el que ejerce sobre sus soportes. Me explico. La publicidad exige a la realidad que patrocina una naturaleza muy peculiar: la del espectáculo, la del llamar la atención, la de los fuegos de artificio, justo la que atrae a los medios de comunicación. El deporte es un caso muy claro: la natación, siempre al margen del circuito mediático salvo durante los Juegos Olímpicos, ha sido noticia por la cantidad de récords batidos en los dos últimos años. ¿El precio a pagar? Su propia credibilidad. ¿Qué valor puede tener un deporte en el que baten una y otra vez registros que por su propia definición de récords, deberían rozar la excelencia? Otro ejemplo: ¿qué habría sido de Beckham sin la publicidad? Como dijo George Best cuando fue a recoger un premio en nombre del jugador inglés, "Beckham no es rápido, no regatea, no utiliza la pierna izquierda, no remata bien de cabeza y no marca muchos goles. El resto lo hace bien". Casi nada para el jugador mejor pagado del mundo.
El círculo vicioso que esta influencia de la publicidad implica también se deja notar en los propios medios. Tanta audiencia, tanto pagan los anunciantes. Atados por esta regla de oro, los medios -televisión, periódicos...- tienden a dar importancia a lo más llamativo: robos, muertes, sucesos, extravagancias, freekies de todo tipo, noticias del corazón..., noticias de consumo fácil y masivo. ¿Son las más importantes? No, pero generan audiencia, que es lo que buscan los anunciantes. De esta forma altera la publicidad, es decir, la economía, la naturaleza de lo que soporta su presencia. Los medios viven de ella, pero, conscientemente o no, ven transformada su naturaleza. Y es que hasta los horarios de las emisiones vienen dictados por las horas punta en las que la audiencia se sienta frente al televisor, justo cuando más pagan los anunciantes.
La publicidad, así las cosas, no es un mero ejercicio estético, un simple esfuerzo creador de los anunciantes por atraer clientes. Es una forma de encauzar la realidad hacia lo llamativo, hacia el espectáculo, hacia lo espumoso. El mundo sin publicidad sería muy diferente, pero por mucho más que por los espacios vacíos o por los periódicos recortados del anuncio -paradoja- de Autocontrol de la publicidad con el que comenzaba este post.
27 Jul 2009
"Ésta es una iglesia cuya profusión de adornos, arcos apuntados, formas verticales, tres naves con bóvedas de arista perforadas por lunetos, múltiples capillas, triforio y girola la convierten en un buen ejemplo del gótico flamígero o florido, conocido en España como isabelino y en Portugal como manuelino. Además, cuenta con un claustro reconstruido de formas neoclásicas que lo relaciona indudablemente con influencias francesas".
Éste podría ser, más o menos, el discurso que un guía regala a su rebaño de turistas durante una de las múltiples visitas a iglesias y catedrales que componen los llamados "viajes culturales". ¿Alguien ha entendido algo? Probablemente no, como tampoco lo hacen los distraídos turistas que le siguen de aquí para allá en cualquier lugar de Europa por estos meses. Sin embargo, cuando regresen, hablarán henchidos de orgullo de la gran cultura adquirida durante su viaje.
19 Ene 2008
Aunque el deporte sea un campo generalmente ajeno al mundo de la "gran cultura", donde reinan la literatura, la filosofía o la música, el talento también se expresa en él. Rara vez encontraremos a las grandes plumas escribiendo o hablando "seriamente" de deporte aunque disfruten viéndolo. No importa. Se reconozca o no, es un ámbito más del desempeño humano donde se produce ese "algo" que tanto atrae al ser humano: el afán de superarse a sí mismo y a los demás.
Algunos deportistas talentosos hacen de ese afán de superación un verdadero "leit motiv" y despiertan admiración allá por donde van. Uno de estos escasos fenómenos lo encarna Haile Gebresselassie (nada que ver con otro Haile, esta vez Selassie, el estrambótico emperador del país del café, Etiopía), el que desde mi punto de vista es el mejor fondista de todos los tiempos.
Ayer, a sus 34 años, no logró batir su propio récord del mundo de maratón. Sensación extraña para un hombre que ha batido más de veinte topes mundiales y ha ganado pruebas desde los 1.500 hasta el mismo maratón. Inaudito. Algunos dirán que Emil Zatopek logró la hazaña de ganar los 5.000, 10.000 y la prueba reina en unos mismos Juegos, pero me temo que no contaba con la oposición de los mejores fondistas, los que proceden del África negra.
Recordemos a este pequeño y grácil hombre volando por las pistas, de puntillas, como flotando, para que las leyendas no caigan en el olvido. Que sea Bekele y no el tiempo, aliado eterno de nuestra mala memoria, quien le derrote.
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