01 Oct 2009
En un post anterior escribí que el Gobierno estaba perdiendo su credibilidad a marchas forzadas. Y es que no ha habido previsión económica por parte del Ejecutivo que no haya sido superada por la tozuda realidad. Desde que Solbes negara la mayor de la crisis hasta la afirmación de Salgado de que la subida del IVA no afectará al consumo porque cuando entre en vigor ya se habrá remontado la situación, la confianza en sus palabras no puede ser la misma. La culminación se ha producido con la previsión de paro recogida en los Presupuestos para 2010. La estimación indicaba una tasa del 18,9% y resulta que según el Eurostat, esa cifra ya se alcanzó en agosto . Magia: las peores previsiones se hacen realidad en sólo dos días. Magia, sí, pero magia negra.
La confianza, el término más utilizado últimamente por los economistas y políticos, es un estado de ánimo, una cierta inclinación tan difícil de explicar cómo fácil de menoscabar. Se trata de que los consumidores tengan la suficiente tranquilidad económica para gastar, de que las empresas tengan buenas perspectivas para invertir, de que los bancos se presten a prestar... El problema viene cuando el encargado de que todo este marco idílico se cumpla ofrece datos irreales y continuamente defenestrados. Cierto que tampoco puede decir que la crisis es gravísima e irrecuperable, porque sólo serviría para ahondar en la misma; pero que la previsión de paro sea falsada sólo dos días después de su inclusión en los Presupuestos Generales es otro durísimo golpe a la confianza en el mensaje gubernamental.
Sólo hay dos excepciones a la ley no escrita que dice que un gobierno no puede reconocer las verdades económicas: una, es la guerra, para instar a los ciudadanos a conceder lo que de otra forma sería impensable, y otra, la sucesión de otro ejecutivo con el que se quieren marcar distancias y evitar responsabilidades (léase el caso de Obama respecto a Bush y la crisis que se encontró). Y no nos encontramos en ninguna de ellas. ¿Cuál será la siguiente previsión en ser superada?
28 Ene 2009
Huelga insistir en la importancia de los medios de comunicación a la hora de conformar la realidad. Dicho de forma más clara, lo que no aparece en los medios, parece no existir. Nada nuevo. Sin embargo, un gran artículo de Màrius Serra publicado en La Vanguardia el pasado 22 de diciembre pone sobre la pista de un fenómeno evidente que suele pasar inadvertido: la creciente aparición de las cámaras de televisión en los propios vídeos informativos. Lo que en principio podían parecer imágenes de recurso, hoy se han convertido en el indudable sello de calidad y fiabilidad. ¿Acaso cabe pensarse en que un hecho sea falso o poco importante si tantas cámaras están presentes? La idea es clara: cuantas más cámaras, mayor será verosimilitud de la noticia.
Como dice el propio articulista, existe una contradicción entre este nuevo fenómeno y los programas basados en las cámaras ocultas y la telerrealidad. Por un lado, la presencia mediática es requerida para "demostrar" la seriedad de la información (tengo comprobado que la gente no cuestiona lo que aparece en la televisión; al respecto, recomiendo la película "La cortina de humo", protagonizada por Robert de Niro y Dustin Hoffman y las geniales palabras del personaje interpretado por el primero:“Claro que hay guerra -en referencia al conflicto inventado por él contra Albania para tapar un escándalo presidencial-, lo he visto en la tele”.); pero, por otro, nos encanta ver cómo la gente enseña sus vergüenzas ante una cámara omnipresente en su ausencia. Fascinante este nuevo paso adelante de la sociedad espectáculo auspiciada en los medios de comunicación.
27 Dic 2007
Ha llegado elmomento de hacer balance del año que está a punto de terminar. En lo querespecta al sector de la comunicación y según la revista estadounidense 'Editor& Publisher' , la compra por parte de Rupert Murdoch de “Dow Jones”, queincluye The Wall Street Journal, ha sido el hecho más relevante.
Como todossabemos, el señor Murdoch es ese tipo australiano siempre vestido de ejecutivoque domina un enorme imperio conformado por televisiones, periódicos, revistas,etcétera; y con una conocida fama –desconozco si cierta o no, al menos almargen de la Fox- de conservador o ultraconservador. Para lo que aquí meinteresa, esto no es relevante. Hablemos de la concentración de los medios decomunicación, de la alarmante uniformidad de las noticias y del grado deconfianza que podemos depositar en ellas. Éste sí es el hecho (o lacontinuación de una tendencia) del 2007.
Contrariamentea otros movimientos que se están dando en la red en la dirección de unademocratización de la información (periodismo ciudadano, wikipedia, web 2.0;esto sería la contrapartida al anterior), los grandes medios tienden a unaconcentración alarmante. Impulsados por la caída de beneficios, se defiendenuniéndose para dar a luz verdaderos gigantes. Y para ver ejemplos de ello, nohace falta que nos fijemos en Murdoch. Muy al contrario, nuestro país viveprecisamente una lucha de gigantes. En una esquina del ring, Prisa, que cuenta–atención- con El País, As, Cinco Días, Ser, 40 Principales, Canal +, Digital+, Sogecable, Cuatro, Localia o la editorial Santillana; en el otro, El Mundo,Marca, Expansión… Son auténticos pesos pesados que trasladan su enfrentamientoa las portadas, a las ondas y a las pantallas.
¿Qué hacer anteesta situación? ¿Cómo defenderse de esta polarización ideológico-económica?Desde luego, parece que la otra cara de la moneda –la mencionadademocratización de la información- es una respuesta sugerente, pero tiene susinconvenientes. ¿Qué fiabilidad tienen –aun contando con los filtros- losartículos de la Wikipedia? ¿El periodismo ciudadano tiene verosimilitud?
En realidad,el problema va más allá; es un problema de alejamiento respecto a las fuentes.Toda la información que nos llega es terriblemente indirecta, cada vez está máslejos de su origen y nos llega uniformizada. Son los grandes medios los que nosacercan a las noticias, pero ¿de qué manera lo hacen estando tan polarizadoscomo están? ¿Acaso es casualidad que los anteriores propietarios de The WallStreet Journal pidieran garantías a Murdoch para que no interviniera en la“independencia” editorial del periódico? ¿Qué es mejor entonces, afrontar losriegos del no-profesional mentados arriba o asumir las disputas de los grandesmedios? ¿Cómo saber si lo que nos cuentan tiene verdadera relación con losucedido? Como ironiza el personaje encarnado por Robert de Niro en “La cortinade humo”, “Claro que hay guerra (en referencia a una guerra inventada por élcontra Albania para tapar un escándalo presidencial), lo he visto en la tele”.Una afirmación tan genial como terrible.
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