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17 Dic 2008

A lo largo de los últimos años hemos asistido a un verdadero milagro: la industria del automóvil ha tenido unos niveles de ventas absolutamente irreales. Ayudada por los generosos planes gubernamentales y por la bonanza económica, los coches han pasado de ser casi una inversión (quizás sea mejor decir un objeto de consumo a largo plazo -aunque este concepto parezca contradictorio-, porque raro era cambiar de coche antes de diez años) a un objeto de consumo más. Para hacernos una idea, creo que podría afirmarse que se ha estado cambiando antes de coche que de televisión. ¡De locos!

Pero a este ritmo no se podía continuar. Las crisis económicas del pasado se debían a la escasez. Con la Revolución Industrial la situación cambió y el exceso de producción era la explicación de los derrumbes cíclicos del capitalismo. La actual se debe al exceso de crédito, es decir, a que hemos consumido demasiado (sin tener realmente el dinero; esto es el crédito al fin y al cabo), a que hemos pecado de manirrotos. En definitiva, las crisis del capitalismo ya no se deben a la escasez, sino a la superabundancia que nos lleva a gastar más de lo que tenemos.

Los coches, por su elevado coste, no son objetos de consumo "normales"; no pueden ser cambiados al poco tiempo como puede hacerse con el ordenador. Por eso era imposible mantener el nivel de ventas de años pasados; en algún momento el mercado tenía que decir basta. Y vaya si lo ha dicho. El futuro de esta industria parece complicado: en su momento se vio beneficiado por la incorporación de la mujer al mundo del trabajo, por lo que se pudo introducir un segundo automóvil en las familias; pero ¿hacia dónde podría expanderse ahora?¿Qué nuevos clientes pueden surgir?

El tiempo de los SUV -esos gigantes tan espectaculares como inútiles- ha pasado. Los coches pequeños, baratos y de bajo consumo piden paso. ¿Será suficiente? Desde mi punto de vista, esta industria no puede pretender mantener los niveles de años pasados. El milagro de los peces y los panes sólo fue posible una vez. Y no fue obra de los gobiernos.

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08 Ene 2008

Como ya advertí en la primera página de este cuaderno de bitácora, los temas que trataré serán diversos. Hoy toca el del arte y todo a cuenta de un videojuego al que estoy jugando: Assassin´s Creed. Hasta el momento, es una espectacular mezcla entre los movimientos del Prince of Persia (no en vano, ambos son obra de la compañía francesa Ubisoft) y la jugabilidad del Fable. Contrariamente a lo que pudiera parecer, no soy un gran aficionado a este mundo (de hecho, me suele producir dolor de cabeza); pero ello no obsta para reconocer las maravillas allá donde uno se las encuentra. De la misma manera, no tengo carnet de conducir y sin embargo me asombro al ver pasar un coche hermoso (el Mercedes CLS es la máquina más bella que hayan visto estos ojos)

¿Y qué tienen que ver los videojuegos (la tecnología en general), los coches y el arte? Dice E.H. Gombrich al comienzo de su voluminosa historia del arte, que no existe un Arte con mayúsculas, sino diversos artes con minúsculas. Es evidente: nada tienen que ver las pinturas del Paleolítico superior con el arte contemporáneo. No es éste ni el momento ni el lugar para discutir acerca de la naturaleza del arte, pero me quedaré sólo con dos notas: ha de ser una obra humana y ha de causar admiración. Así, la visión que de la naturaleza nos ofrecen los paisajes infinitos de Friedrich o una puesta de sol son eso, naturaleza, pero no arte; causan (los paisajes) admiración y casi empujan a admirarlos en silencio, ensimismados ante su belleza. Pero, insisto, son naturaleza, les falta la intervención humana.

Aquí empezarían las discusiones. ¿Qué causa admiración? Ésta puede venir por la belleza, por la fealdad, por su moralidad, por su maldad... y cada persona y cada época han valorado una u otra según su criterio. Personalmente, detesto el llamado arte contemporáneo, el arte de esos filósofos metidos a artistas que hacen de la provocación y de la supuesta originalidad el corazón del arte de nuestro tiempo. Para mí -y es aquí adonde quiero llegar en este página-, el único arte interesante (por lo tanto, producción humana que causa admiración por una razón u otra) de nuestra época son precisamente los videojuegos (y, como decía,la tecnología en general) y los coches.

En el caso concreto del Assassin´s Creed nos encontramos con un claro ejemplo de lo que Umberto Eco denominó "obra abierta". Según el semiólogo italiano, el arte contemporáneo se caracteriza por que el artista cede parte de su protagonismo al espectador, dejando "abierta" a su interpretación su obra. Evidentemente, también el arte medieval o el griego variaban según la perspectiva de cada contemplador, pero las posibilidades de interpretación estaban muy reducidas por la mano del hacedor. Muy al contrario, el arte móvil, la literatura más especulativa, la música"postmoderna"... abren otras posibilidades muy diferentes. Son "obras abiertas" (y, como puede suponerse, muy difíciles de juzgar).
Pues bien, ese nivel de participación del contemplador se aprecia en esta clase de videojuegos. Uno puede crear su propia historia, hacer de su capa un sayo e incluso elegir entre el bien y el mal (característica esta muy interesante que nos ofrece Fable). ¿Por qué no considerar estas creaciones como arte y sí las tonterías de Pollock, Warhol, Koonsy compañía?

El caso de los coches es diferente. De alguna manera, han sido más valorados que los videojuegos y hay museos de Ferrari o Mercedes, amén de que el futurismo afirmó admirar más la velocidad o la tecnología que la Victoria de Samotracia. A pesar de ello, es difícil que el espectador medio sitúe los automóviles al nivel de un Velázquez o una obra de Miguel Ángel. Y no lo entiendo, pues toque a la belleza de estas obras clásicas le añaden un aspecto clave: la funcionalidad, el ser "útiles" (un motivo más de admiración).

Una cierta corriente de pensamiento afirma que lo propio del arte es ser inútil, no servir estrictamente para nada. Es el tópico del arte por el arte, del arte puramente estético que encuentra su justificación en sí mismo. No negaré que la admiración puede surgir en estas obras (habría que discutir, por otra parte, que la mayor parte de lo que consideramos arte fue concebido con una finalidad que hoy les haría perder puntos en nuestra escala de valores si ésta está calibrada según el "arte por el arte"); pero si a ello se le puede unir la funcionalidad, ¿por qué habría de desmerecer la obra? Así, el citado Mercedes CLS es bellísimo y cumple a la perfección su tarea primordial: la de proporcionar unmedio de transporte eficiente. ¿Alguien da más?

Espero que con el tiempo se valoren más estos nuevos artes que tenemos ante nosotros y que fácilmente pasan desapercibidos. Mantengamos en alerta nuestrosentido de la admiración.

Aletheia

P.D. Parece que las cosas empiezan a cambiar. Dos buenas señales: 1) el Parlamento Europeo se plantea considerar el "Imperium Civitas", un juego de trasfondo histórico, como un instrumento de educación para la asignatura de Historia; y 2) el Gobierno francés dará ayudas a aquellos juegos que considere bienes culturales.

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