10 Mar 2009
En la antigua Grecia había auténtica pasión por el teatro. Todos los años se celebraban varias festividades que tenían a éste como foco de atención. Las Grandes Dionisas eran la gran referencia al reunir a una gran masa que disfrutaba, durante seis días, de las representaciones de Esquilo, Sófocles o Eurípides. Sin embargo, lo que me interesa destacar aquí es el uso de un recurso dramático que servía para "salvar" una obra de mala calidad: 'el deus ex maquina'. Cuando una tragedia no tenía un final bien trabajado, se recurría a la irrupción de un dios (introducido literalmente por una máquina, de ahí el nombre) para solucionar el enredo y satisfacer a los asistentes. En concreto, se acusó a Eurípides abusar de este recurso.
Todo esto viene a cuento de una de las series que más éxito han tenido en España en los últimos tiempos: Prison Break. La historia, en principio, era muy atractiva: un joven ingeniero de estructuras trata de sacar de la cárcel a su hermano por un delito que no había cometido. Para ello, se hace tatuar en el torso y brazos el plano de la prisión y los pasos que debía dar para conseguir su objetivo. La peripecia se va complicando a medida que aparecen nuevos personajes y la intriga va creciendo hasta que logran su objetivo. Un final esperado para una narración bien llevada. Sin embargo, la historia continúa con la huida de los presos y la persecución implacable de "La compañía", la organización secreta con influencias en el gobierno estadounidense que había llevado a la cárcel a Barrows, que así se llama el desdichado personaje.
Los giros argumentales y sorpresas de la primera temporada son asumibles en cualquier serie y hacen de esta primera parte una historia-ficción muy recomendable. Pero lo que en principio son giros argumentales, en el resto de temporadas se convierten en un recurso demasiado utilizado y que poco a poco va restando credibilidad al argumento. La aventura de Panamá de la tercera temporada y la venganza de la cuarta no hacen sino incrementar la impresión de que los guionistas han perdido el norte. Continuos golpes de efecto para mantener la atención, una señal inequívoca de que el argumento principal no se sostiene por sí mismo. A lo que parece, "el deus ex maquina" está de nuevo en uso.Y como sucediera en la antigua Grecia, es indicativo de malos trágicos.
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