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19 Ago 2009

A lo largo del día de ayer me sorprendió la cobertura que se dio a la jornada del lunes de los mundiales de atletismo. La actuación de Usain Bolt seguía acaparando la atención de los medios, pero los protagonistas del día fueron Marta Domínguez y su medalla de oro, y la sorprendente actuación de Isinbayeva. Sin embargo, poca o ninguna mención se hizo de los 100 metros femeninos y, sobre todo, de la gran carrera de 10.000 que protagonizaron Tadesse y Bekele.

Para los que no pudieron disfrutarla, los primeros cinco kilómetros fueron los "clásicos": los keniatas, expatriados o no, tirando a un ritmo sostenido (para ellos, claro, porque para los no africanos ya es meritorio mantenerse a su lado) con el fin de desgastar a su bestia negra, Kenenisa Bekele. Sin embargo, lo mejor vino a continuación. Tadesse, sabedor de que nada tiene que hacer con el etíope al sprint, impuso un ritmo demoledor: de 1 minuto y 6 segundos por vuelta pasó a hacerlo en cuatro segundos menos. El resultado, que el kilómetro comenzó a hacerse en torno a 2 minutos y 35 segundos. ¡Casi nada! Como hiciera Tyson Gay en los 100, Tadesse hizo que su particular Usain Bolt diera lo mejor de sí. Bekele, con ese correr majestuoso que le caracteriza, no torció el gesto en ningún momento y al toque de campana dio su clásico golpe final: la "típica" vuelta en 54 segundos que puso en boga en los Juegos Olímpicos de Atenas. Demoledor. Récord de los campeonatos (26:46.31).

Podría pensarse que los periódicos generalistas bastante tenían con Marta Domínguez y compañía -no es excusa, porque algunos dedican todos los días su espacio a noticias de los entrenamientos de fútbol que claman al cielo-, pero es que Marca, con dos enviados especiales y ocho páginas dedicadas al evento, sólo se permitió una breve nota en un friso y su reflejo en los resultados de la jornada.

Es cierto que las carreras de fondo tienden a no ser tan valoradas por los espectadores. La velocidad, simple, orgásmica, explosiva, responde al prototipo de espectáculo moderno (y antiguo, porque en los viejos Juegos Olímpicos, el que ganaba la carrera del estadio -192 metros- daba nombre al evento-), pero el fondo, sempiterno, agónico, monótono, es todo lo contrario. E incluso es poco telegénico; la televisión no capta la verdadera velocidad a la que marchan. Prueben a dar una vuelta (sólo una) a una pista de 400 metros en un minuto y diez segundos y verán lo difícil que es. Después, piensen en dar 25 vueltas a ese ritmo. Imposible. Ojalá alguna vez se valore verdaderamente el mérito que tiene correr tan rápido durante tanto tiempo. Aunque parezca mentira, no todo los meritorio es espectacular ni todo lo espectacular es meritorio.

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28 Jul 2009

La natación se encuentra en una encrucijadad: permitir el aluvión de récords y mantener así la atención de los medios o apostar por su credibilidad. Estos días se celebran los mundiales de natación y todo hace pensar que se van a batir más de treinta récords mundiales. Los medios de comunicación, siempre ávidos de lo extraordinario, le están prestando gran atención. Es éste un objetivo ansiado por este deporte, que sólo parece interesar al gran público cada cuatro años, coincidiendo con los Juegos Olímpicos. ¿Cuál es el problema de este repentino eco? Muy sencillo: que para ser noticia está perdiendo toda credibilidad.

Los medios, por definición, buscan la noticia, lo extraordinario, lo que se sale de lo normal, el escándalo. En el caso de los deportes, lo extraordinario se liga con con los triunfos espectaculares o récords (el triplete del Barça o las marcas de Bolt), los accidentes (la Fórmula 1 -es significativo que todavía se esté hablando del accidente de Massa y no de la carrera en sí), las peleas (el hockey sobre hielo sólo lo conocemos por ello) o el dopaje (el ciclismo es el caso más evidente).
El caso de la natación remite a la primera de las posibilidades, la de los récords. La cascada de plusmarcas comenzó el año pasado y se ha incrementado en éste; tan es así, que raro será que no se batan más de treinta récords en Roma. La causa de los mismos -dicen- son los bañadores de última generación. Era justo lo que necesitaba este deporte tan apasionante: llamar la atención. La sospecha viene cuando marcas que han permanecido intactas durante años parecen hoy ridículas ante el empuje de estas innovaciones.

Un ejemplo: hasta el año pasado, el récord mundial de los 50 metros libre era 21,64 segundos, una marca realizada por Alexander Popov en el año 2000. Desde que Eamon Sullivan la batiera por primera vez en 2008 dejándola en 21.56, los récords se han sucedido hasta dejarla Frederick busquet en 20,94 en abril de este mismo año. Si tenemos en cuenta que Popov -el mejor velocista de la historia- tardó diez años en batir la marca de Tom Jaeger-, ¿qué cabe pensar de tan inusitada mejora en sólo un año?
Indudablemente, los récords están sirviendo para que el gran público sepa que existe un deporte tan atractivo como la natación, pero esta popularidad va a socavar gravemente su credibilidad. ¿Qué pasará cuando la FINA prohiba los bañadores actuales, como parece que sucederá en 2010? Las marcas establecidas con ellas harán que sean muy difíciles de batir, por lo que la natación desaparecerá nuevamente de los medios y el círculo vicioso volvería a empezar.
¿Qué podría hacerse? Desde mi punto de vista, habría que cambiar la idea que tenemos de espectáculo. Éste no debería venir exclusivamente de las marcas o de los escándalos, sino de la admiración por la propia competición. Recuerdo que en los mundiales de atletismo de 2003, celebrados en París, las marcas -especialmente en las pruebas de velocidad- fueron bastante "pobres". La razón esgrimida extraoficialmente fue el miedo de los atletas a las prácticas de dopaje en territorio francés, donde se persiguen muy duramente. Sin embargo, los medios criticaron el "espectáculo" ofrecido. ¿Por qué no quedarse con unas marcas más "humanas" y renunciar a un "show" hipertrofiado artificialmente?

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31 Mar 2008

Ayer se celebraron los campeonatos del mundo de cross y la victoria entre los hombres fue para Kenenisa Bekele. Nada sorprendente a la luz de su increíble palmarés: múltiples veces campeón tanto en la distancia corta y larga, y victorioso también en mundiales de pista cubierta y al aire libre como en Juegos Olímpicos; no en vano, se trata del único hombre que ha sido campeón indoor, outdoor y cross. Lo que sucede es que precisamente el año pasado cayó derrotado ante Serzenay Tadesse en Mombasa (Kenia). Por las pocas imágenes que pude ver de aquella prueba (la información de agencias no se ajustó en absoluto a lo que sucedió), todo iba como era habitual: Bekele tomó las riendas y fue dejando atrás rivales con la facilidad que acostumbra, incluido el citado eritreo. Sin embargo, comenzó a mirar hacia atrás de manera exagerada. José Luis González, que no es precisamente un buen comentarista a pesar de sus años de atleta (todos los kenianos le parecen iguales), no creía en la posibilidad de un "pinchazo", pero sorprendentemente fue así. Por primera vez se veía a la esfingue etíope sufrir y terminó por abandonar en la última vuelta.

El calor, una indisposición... fueron aducidas como posibles causas de una derrota sorprendente. Y ya en el verano, en los mundiales, cierta sensación de debilidad se acrecentó cuando se quedaba descolgado en la última vuelta. Las dudas parecen haberse disipado con su terrible acelerón final y con esta última victoria. Ya ha superado en número de títulos a los kenianos John Ngugi y Paul Tergat.

Todavía recuerdo la primer vez que le vi en competición. Fue, si no recuerdo mal, allá por 2002, y seguía la estela del tanzano John Juda. Éste, con su estilo de maratoniano, impuso una "marcheta" imposible para todos los demás salvo para él mismo y para un pequeño hombre de verde que parecía no alterarse por nada. Los metros transcurrían y nada cambiaba en su rostro. Hasta que llegó el ataque. Sus talones, siempre alcanzando las nalgas, aceleraron su ir y venir y le dejó atrás con una facilidad asombrosa. El resto de su historia ya es bien conocida. Incluso Gebresselassie ha cedido ante su elegante correr. Veremos qué sucede en Pekín.

Aletheia

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19 Ene 2008

Aunque el deporte sea un campo generalmente ajeno al mundo de la "gran cultura", donde reinan la literatura, la filosofía o la música, el talento también se expresa en él. Rara vez encontraremos a las grandes plumas escribiendo o hablando "seriamente" de deporte aunque disfruten viéndolo. No importa. Se reconozca o no, es un ámbito más del desempeño humano donde se produce ese "algo" que tanto atrae al ser humano: el afán de superarse a sí mismo y a los demás.

Algunos deportistas talentosos hacen de ese afán de superación un verdadero "leit motiv" y despiertan admiración allá por donde van. Uno de estos escasos fenómenos lo encarna Haile Gebresselassie (nada que ver con otro Haile, esta vez Selassie, el estrambótico emperador del país del café, Etiopía), el que desde mi punto de vista es el mejor fondista de todos los tiempos.

Ayer, a sus 34 años, no logró batir su propio récord del mundo de maratón. Sensación extraña para un hombre que ha batido más de veinte topes mundiales y ha ganado pruebas desde los 1.500 hasta el mismo maratón. Inaudito. Algunos dirán que Emil Zatopek logró la hazaña de ganar los 5.000, 10.000 y la prueba reina en unos mismos Juegos, pero me temo que no contaba con la oposición de los mejores fondistas, los que proceden del África negra.

Recordemos a este pequeño y grácil hombre volando por las pistas, de puntillas, como flotando, para que las leyendas no caigan en el olvido. Que sea Bekele y no el tiempo, aliado eterno de nuestra mala memoria, quien le derrote.

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