18 Nov 2009
¿Recuerdan aquel partido en el que Javier Clemente alineó a Molina de interior en un partido de la selección contra Noruega? Ocurrió el 24 de abril de 1996 y supuso el debut de Molina como internacional. "Hay que estar preparado para todo", dijo entonces el meta valenciano. Pues resulta que algo similar sucedió en el Athletic y las consecuencias fueron muy diferentes para el entrenador, ya que fue despedido de forma fulminante.
Ferdinand Daucik llegó al Athletic procedente del F.C. Barcelona en la temporada 1954-55. En el club blaugrana logró, entre otras títulos, dos ligas y tres copas en cuatro temporadas, y en el Athletic continuó con sus éxitos al hacerse con una liga, dos copas y firmando el exitoso debut de los rojiblancos en la Copa de Europa , donde superaron al Porto y al Honved para caer en la ronda de cuartos ante el Manchester United. En resumen, un auténtico ganador este entrenador de origen checoslovaco que terminaría nacionalizándose español.

El caso es que el 30 de mayo de 1957, el Athletic disputó en San Mamés un partido amistoso contra el Burnley ingles. El carrusel de cambios en que se suelen convertir estos encuentros hizo que Daucik cambiara a Carmelo Cedrún, el portero y padre de Andoni Cedrún, por Lezama al poco de comenzar el segundo tiempo. El problema vino cuando a diez minutos del final y con 1-4 a favor de los ingleses, se lesionó Canito. El entrenador, que sólo contaba con el mencionado Carmelo en el banquillo, pidió a éste que fuera al vestuario para pedir a algún jugador que volviera al campo. Sin embargo, todos se habían cambiado ya y para no quedarse con diez, Daucik decidió situar al meta como extremo durante los diez últimos minutos.
La sorpresa de San Mamés fue mayúscula y la Junta Directiva dirigida por Enrique Guzmán no tardó en reaccionar. Dos días después se anunciaba la destitución de un técnico que había sido renovado para la temporada siguiente. Ésta fue la consecuencia de la ocurrencia de poner a un portero de extremo.
27 Oct 2009
El día 20 de diciembre de 1956 Bruselas amaneció cubierta por la niebla. El lugar fijado para el partido era el estadio Heysel, eternamente recordado por la muerte de 39 aficionados en la final de la Copa de Europa entre el Liverpool y la Juventus de 1985. Un minuto de silencio, probablemente por la situación de Hungría -digo probablemente porque el cronista no lo especifica- precedió al encuentro.
El Mundial peligra para Brasil
El país del fútbol samba les acogió con entusiasmo. Maracaná vio cómo 90.000 espectadores se reunían para presenciar el enfrentamiento entre el Flamengo y el Honved. A la cita acudió también el presidente de la República, Juscelino Kubitschek. El marcador reflejó un espectacular 6 a 4 a favor de los brasileños. Días después, el 27 de enero, los húngaros se tomaron exacta y cumplida revancha cuando ganaron a los brasileños por el mismo tanteo.
El final de la aventura
La presión finalmente hizo efecto y la expedición decidió regresar a Europa tras disputar algunos de los partidos acordados. Algunos, como Puskas, Kocsis y Czibor, pagaron su insitencia con una inhabilitación de dos años. Sólo en 1958 pudieron fichar, el primero por el Real Madrid, y los dos últimos, por el Barcelona, convencidos por la presencia de otro húngaro ilustre como Kubala, a la sazón cuñado de Daucik, el entrenador del Athletic. Otros, como los porteros, Farago o Grosics, regresaron a su país para seguir jugando al fútbol.
Puskas, tras ser declarado "traidor a la patria", sólo pudo regresar a Hungría en 1981, y Kocsis se tiró desde la séptima planta del hospital en el que se trataba de un cáncer en 1979. Así terminó una aventura que había comenzado con un simple partido de Copa de Europa y que se complicó con los tanques soviéticos, viajes interminables, amenazas, reencuentros, porteros que son sustituidos y vuelven a jugar, amenazas a Brasil... Una historia que, en definitiva, merecía ser contada.
26 Oct 2009
El Honved llegó el 19 de noviembre a la estación de Hendaya. Se estableció, como en las películas de espías, una "contraseña" para identificar al delegado de la expedición. El mensaje iba dirigido a un representante del Athletic, otro de la Real Sociedad y un tercero del Barça. No es de extrañar la presencia del primero, anfitrión al fin y al cabo, pero ¿qué hacían allí los otros dos? En otra de las muchas curiosidades que menudean en esta historia, los húngaros no pensaban alojarse en Bilbao, sino que lo harían en San Sebastián y se entrenarían en Atocha. ¿Y qué interés tenía el Barcelona? Pues el mismo que muchos otros equipos en aquellos momentos: cerrar un partido amistoso con los 'Globetrotters' del fútbol europeo.
Por fin se podía ver de cerca a los 'fenómenos húngaros'. El más célebre, Puskas, lucía más neumático que atlético ("Parece más un comerciante que un futbolista superclase", decía el cronista de El Correo), lo cual tampoco era del todo negativo: se había llegado a rumorear con su muerte antes de que la expedición saliera de Hungría. Otro aspecto presentaba Csibor, muy preocupado porque había dejado en su país a sus tres hijos. "Algún jugador, si por él fuera, regresaría ahora mismo", decía el jefe de la expedición magiar.
El día D llegó y el Athletic se impuso en un gran partido por 3-2. Un gol anulado a última hora podía haber mejorado un resultado no especialmente alentador para la vuelta. Puskas, como reconoció él mismo, no había estado brillante y era probable que en la vuelta su actuación no fuera la misma. Así fue. Pero ¿dónde se jugaría la vuelta? ¿En Budapest, con los tanques gambeteando por las calles? ¿En Hungría, un país al que los jugadores se negaban a regresar para jugar un partido internacional contra la selección sueca en el mes de diciembre?
La vuelta, en Bruselas
Durante unos días se especuló con que el segundo encuentro se disputaría en Valencia. Rumor vano, porque el lugar elegido finalmente fue Bruselas. La fecha, el 20 de diciembre. ¿Qué haría el Honved hasta entonces, dado que estaba claro que no regresarían a Hungría?
La respuesta, seguir con la "gira turística" (así lo calificó algún cronista molesto por tanto baile de fechas para dilucidar la eliminatoria) iniciada a principios de noviembre. El primer "bolo" se jugó el 29 de noviembre en Madrid contra un sorprendente combinado entre el Real Madrid y el Atlético. Di Stéfano, Gento, Joaquín Peiró (ex entrenador del Málaga) o Santiesteban (el que fuera tantos años seleccionador de las categorías inferiores de España) estaban en tan atípico equipo que logró empatar a cinco.
La siguiente estación de paso fue Sevilla, donde se produjo otro hecho inaudito: Betis y Sevilla formaron un combinado para hacer frente a la potencia húngara. Si ya llama la atención la unión del Real Madrid y Atlético, más todavía lo hace ésta de los eternos rivales sevillanos. El resultado, un espectacular seis a dos para Del Sol (jugador posteriormente del Real Madrid y de la Juventus), Arza (considerado el mejor jugador de la historia del Sevilla) y compañía.
por 2 a 1 al Milán ante 40.000 espectadores. Unos días después harían lo propio con el Palermo, al que batieron por 6 a 3. Sin embargo, más importante fue que Puskas esperaba ya en la capital lombarda a su mujer y su pequeña hija, que habían huido de Hungría a finales de noviembre. La odisea del Honved parecía no tener fin.
L´Equipe y Marca piden la exclusión del Honved
Por estas fechas los húngaros contrataron una gira de tres meses en Sudamérica. Esto implicaba que en caso de pasar la eliminatoria contra el Athletic, la ronda de cuartos de final contra el Manchester United debería ser aplazada hasta el regreso de la expedición a Europa. Este hecho colmó la paciencia de periódicos como L´Equipe y Marca, que consideraban que la competición no podía esperar a que el Honved cumpliera con lo que no dejaban de ser unos partidos amistosos.
Mientras, la situación en Hungría no mejoraba. El día 14 de diciembre, con el gobierno de nuevo en mano de los pro-soviéticos, se informaba de una encarnizada batalla entre los obreros húngaros y las tropas de ocupación. El 18, la seguridad en la zona aumentó notablemente con la visita a los campos de refugiados húngaros en Austria del vicepresidente de EE UU, Richard Nixon. Casi nada.
23 Oct 2009
Existe una clase de relatos muy especial, aquélla de las historias que merecen ser contadas. Una de ellas es la que me propongo relatar en los tres siguentes post. Tiene como inverosímiles protagonistas al Athletic, al Honved y al Ejército Rojo, y en ella se mezclan el fútbol; los tanques; un exilio de 25 años; el cuñado de Kubala; un partido contra un combinado del Real Madrid y el Atlético; 26 personas viajando por Europa mientras su país es invadido con sus familiares en el mismo; un portero que se lesiona, es sustituido y vuelve al partido; una gira por Sudamérica... En definitiva, una historia que merece ser contada.

Una revolución en marchaLo cierto es que la eliminatoria no pintaba nada bien ante semejante rival. El partido de ida debía disputarse en Budapest el 7 de noviembre, mientras que la vuelta tendría lugar en San Mamés el 22 del mismo mes. Sin embargo, un acontecimiento político cambió la situación de forma insospechada: los estudiantes húngaros marcharon sobre el Parlamento nacional en protesta por la situación del país, supeditado a los designios de Moscú. Un peaje más del 'Telón de Acero'. Por una cosa o por otra, las autoridades no lograron reconducir la situación y todo terminó con una revolución nacional y un cambio de gobierno.
La balanza comenzaba así a inclinarse del lado del Athletic, una inclinación que se acentuaría con una decisión tomada en los despachos del Kremlin: el 4 de noviembre, los tanques del Ejército Rojo debían entrar en Budapest, sofocar la rebelión y acabar con el recién instaurado Gobierno de Imre Nagy.
¿Y el fútbol?
A la vista de todos estos acontecimientos, poco podía importar un simple partido de fútbol. A esas alturas, ya era evidente que el partido de ida, previsto para tres días después, no se podría disputar en Budapest. Tras muchas idas y venidas, se estableció que San Mamés acogería la ida el día 22 de noviembre. Lo de la vuelta se resolvería más adelante.
La cuestión entonces residía en saber qué sería del equipo húngaro. ¿Cómo preparar un partido con el país poblado de tanques soviéticos? Poco podía imaginar entonces Puskas que la gira de partidos amistosos que comenzó con el Honved supondría un exilio de 25 años.
Aprovechando un momento en que los acontecimientos parecían recobrar cierta normalidad, el propio Puskas y Kockis pidieron al presidente Kadar que permitiera al equipo salir del país para cumplir con una serie de compromisos. Así fue. Se trasladaron a Viena y supieron que la frontera austrohúngara quedó sellada. Ellos estaban ya fuera del país, pero no sus familiares. El drama de los 26 componentes de la expedición recién comenzaba. La gira por Europa y la llegada a España
Alemania fue la primera parada de esta peculiar forma de afrontar una eliminatoria europea: de gira y con los familiares en un país invadido. Un combinado del Rot Weis de Essen y el Fortuna de Düsseldorf fue su primer sparring. 5-5 fue el resultado.
"Desanimados y faltos de apetito", su siguiente parada fue Amberes, donde ganaron al equipo local por 3-0. Por esos días se conoció una noticia que resalta todavía más lo extraordinario de su situación: el Grashhoper de Zürich, que debía jugar el partido de vuelta de la competición europea contra el Slovan de Bratislava, no lo haría porque la Policía de la ciudad "prohibía toda competición con equipos del bloque soviético a fin de evitar manifestaciones".A continuación pasaron a Francia, donde cumplieron con otros dos compromisos. En el primero ganaron 4-3 al Racing de París y en el segundo batieron al Rouen, un equipo de segunda, por 5-2. Era 15 de noviembre y ya debían tomar el tren que les llevaría de París a Hendaya. Su llegada tuvo algo de película de espías. Sólo diré que un periódico en el brazo izquierdo era la señal establecida para que el encargado de recibirles reconociera al delegado de la expedición húngara. Continuará.

30 Sep 2009
Tras ganar el doblete en 1984, el Athletic de Clemente se dispuso a afrontar una nueva participación en la Copa de Europa. Sólo había participado dos veces en esta competición. La primera, en la temporada 1955-56, fue la más exitosa, pues derrotó al Porto y al Honved de Puskas, Cibor y compañía, y sólo el Manchester United pudo con los rojiblancos en cuartos de final. La segunda, en la temporada 1983-84, sólo se superó una ronda y se cayó ante el Liverpool en octavos. En esta ocasión, el rival era el Girondins de Burdeos, un equipo en el que militaban internacionales franceses como el portero Dropsy, el central Battiston, el artista Giresse (Tigana estaba lesionado) o el delantero Lacombe. Todos ellos eran conocidos por su papel con la selección francesa, al alza desde el Mundial de 1982 y la Eurocopa de 1984. Lo que pasó más desapercibido fue que en el banquillo galo estaba Aimé Jacquet, el padre de la Francia exitosa de los últimos años. Él fue quien erigió el equipo de los Zidane, Blanc, Thuram, Angloma, Barthez y compañía.
La ida, dicen las crónicas, fue una ocasión perdida por el Athletic. El 3-2 final fue, a lo que parece, injusto. Pero quedaba la vuelta, un día especial porque los de Clemente iban a recibir los trofeos del doblete conseguido la temporada anterior. Carlos Garaikoetxea, por entonces lehendakari, fue el encargado de hacer los honores. Sin embargo, el "ambiente de super-gala" que se creó para la ocasión no sirvió de mucho y los rojiblancos no pudieron alterar el 0-0 inicial. Aimé Jacquet, siempre seguro de sí mismo, calificó la apuesta del Athletic por la fuerza como "naive" y declaró que habían pasado con todo merecimiento: "Hemos demostrado tener mayor clase, cohesión, táctica, entusiasmo y motivación que el Athletic de Bilbao. Les hemos superado en todos los terrenos y lógicamente hemos superado esta primer eliminatoria de la Copa de Europa. Nosotros hemos jugado con inteligencia, ellos en cambio nos han opuesto una fuerza que yo calificaría de 'naive'".
Clemente no lo vio tan claro y aseguró que habían sido eliminados por un equipo inferior."El Girondins no ha demostrado nada. Tienen una técnica de salón y ante un pressing como el que hemos hecho no juegan nada". El caso es que la fiesta había acabado mal. Años después, en otra fiesta, la de la inauguración del Estadio de Francia, los dos técnicos volvieron a enfrentarse. Francia 1 - España 0. Jacquet acababa de romper la larga racha de imbatibilidad de la selección española y meses después se proclamaría campeón del mundo.
25 Sep 2009
Aquí está la prueba de que Eddie Merckx pisó San Mamés. Ocurrió el 29 de septiembre de 1971 y lo hizo junto a uno de sus compañeros de profesión (decir rival es algo excesivo cuando se trata del 'Caníbal', que ganó, entre otras muchas cosas, 5 Tours, 5 Giros, 1 Vuelta a España, 3 Campeonatos del Mundo, 7 Milán-San Remo o 3 Paris-Roubeaux), el ilustre Luis Ocaña. El Athletic se enfrentaba al Southampton en la primera ronda de la Copa de Ferias de 1971-72. En la ida había perdido por dos a uno y en la Liga marchaba en última posición. El caso es que los goles de Ortuondo y Arieta II dieron el pase a los rojiblancos, pero eso no importa en este post. ¿Qué hacía Eddie Merckx en Bilbao?
El Caníbal había venido a disputar el "Gran Premio Ayuntamiento de Bilbao" organizado para celebrar la inauguración de la sede de la Sociedad Vizcaína de Amigos del Ciclismo. A su llegada al aeropuerto de Sondika fue a recibirle un tal Miguel Madariaga, el padrino del actual Euskaltel. El criterium se disputó en Txurdinaga y, como suele suceder en estas "competiciones", ganó el invitado de honor por delante de Francisco Galdós, Luis Ocaña y Txomin Perurena. A las 20.00 horas, el gran Eddie y Ocaña acudieron a San Mamés a hacer el saque de honor. Por eso pisó Merckx San Mamés.
P.D. Al día siguiente, el belga disputaría una prueba en Gernika en la que se impuso Luis Ocaña. El Caníbal quedó cuarto, pero no se marchó sin probar la cocina del lugar.
02 Abr 2009

Que el Athletic es una religión en Vizcaya no es nada nuevo. La fiebre despertada por la final de Valencia es la muestra más reciente de ello, pero es difícil olvidar el fervor que produjeron las victorias de los años ochenta, que elevaron a la gabarra a la categoría de leyenda rojiblanca. Sin embargo, más atrás en el tiempo, se descubren hechos si cabe más sorprendentes. Y es que el Athletic ha sido capaz de competir incluso con la firma de la Carta de las Naciones Unidas. Lo nunca visto.
Resulta que el 25 de junio de 1945 el Athletic ganó la final de la Copa del Rey al Valencia. El partido fue muy emocionante y hubo que esperar al minuto 90 para que Iriondo marcase el gol de la victoria. Era el 3-2 y el partido pasaría también a la historia porque en él se produjo un hecho insólito: Zarra fue expulsado por primera y única vez en su carrera. Como era de esperar, los periódicos vizcaínos -en este caso, El Correo- reflejaron al día siguiente la importancia del hecho como merecía. Pero es que ese día 26 de junio coincidió con la firma de la Carta de la ONU en San Francisco, un hecho capital para un mundo que acaba de salir de la II Guerra Mundial.
La creación de una institución de gobierno de nivel global suponía un paso adelante para superar el fracaso que había supuesto la Sociedad de Naciones. Truman, recién elegido presidente de Estados Unidos tras la muerte de Franklin D. Roosevelt, garantizaba que su país no se apartaría de tan importante iniciativa en esta ocasión. Pero el Athletic es el Athletic y el corazón de la portada de aquel día se lo llevaron los leones.
Otras coincidencias
Ésta es la más curiosa de la coincidencias entre el Athletic y hechos históricos. La I Guerra Mundial combatió por el protagonismo en las portadas con la victoria copera de los leones frente al Madrid de Santiago Bernabéu (sí, el que después sería presidente fue jugador del equipo blanco) en 1916. Años después, en 1942, los combates en Sebastopol tuvieron como rival a la final que el Athletic perdió con el Barcelona. Eso sí, ni siquiera el Athletic pudo con el Régimen franquista: la visita del ministro de Gobernación a Vizcaya se llevó el protagonismo del día.
Particular fue la portada del 29 de mayo de 1950. El día anterior, Zarra marcó cuatro goles al Valladolid para lograr la Copa. Pero es que ese día se hablaba de un célebre caso de espionaje, el protagonizado por el doctor Fuchs, que ejerció de espía para la Unión Soviética tras haber participado en el desarrollo de la bomba atómica en el Proyecto Manhattan. Tampoco la Guerra Fría pudo con los leones.
Son estos algunos de los ejemplos que se podrían poner sobre el peso que el Athletic tiene en Vizcaya. Así, las colas por la final de Valencia no deberían sorprender tanto si se tiene en cuenta que ni siquiera la instauración de la ONU logró restar protagonismo a los leones.
27 Mar 2009
Corría el 2 de mayo de 1983 cuando el Athletic se proclamó campeón de Liga por séptima vez en su historia. Habían pasado 27 años desde que el mítico Piru Gainza levantase este trofeo y diez desde que no llegaba a Bilbao ningún título. La final de la UEFA de 1977 y el subcampeonato de Copa del mismo año –el de los penaltis lanzados por Iribar y Esnaola- no había calmado la sed de la afición. Tampoco la situación social de aquellos años proporcionaba alegrías. La reconversión industrial, con un paro superior al 20%, azotaba los márgenes de la Ría como nunca antes. Nada invitaba al optimismo. Sin embargo, el Athletic, “el equipo surgido del pueblo”, como reza su himno, decidió dar una alegría a su afición regalándole una victoria de leyenda. El 1 a 5 de Las Palmas unido a la derrota del Real Madrid en Valencia devolvía a Vizcaya la alegría que no podía obtener de otra manera. “El Athletic, ¡campeón!”.
Por aquel entonces presidía el club Pedro Aurtenetxe. Él, como la mayoría, tenía poca fe en superar al Madrid de Santillana, Juanito y Camacho, pero, por si acaso, su directiva comenzó a preparar una celebración especial. Uno de sus integrantes, Cecilio Gerrikabeitia, había presenciado muchas veces los triunfos del Athletic y pensó que la explanada del Ayuntamiento, tradicional punto de encuentro entre los jugadores y los aficionados, se quedaba pequeña. Fue una canción la que le dio la idea. “Por el río Nervión, bajaba una gabarra…”, dice el tradicional estribillo que convirtió esta embarcación en el símbolo de los triunfos rojiblancos. Nada mejor que un bote dedicado al acarreo del hierro, la fuente de riqueza de Vizcaya, para traer de vuelta a los campeones y exhibir con orgullo sus triunfos.
Un millón de personas en 1983
Un futuro que encarnaría la gabarra número 1, rebautizada en 1983 como Athletic Club. Ya no acarrearía el hierro para la industria o los explosivos para expoliar los montes, sino que sería testigo de primera mano de los éxitos rojiblancos. Los jugadores de Clemente partieron de Las Palmas sin idea de lo que les esperaba. Años después, Goiko reconocería que “no sabía lo que era aquello”. Cerca de un millón de personas salieron a su encuentro en los márgenes de la Ría. Nunca se había visto nada igual. Salieron del club Marítimo a las cuatro de la tarde arrastrados por el remolcador ‘Amaya’ y emprendieron la marcha hacia el puente de San Antón acompañados por la Sotera, la Bizkaitarra, Isuntza y el resto de traineras vizcaínas además de un sinfín de gasolinos, remolcadores, balandros y botes. Toda Vizcaya parecía estar allí: los monos azules de Altos Hornos teñían la margen izquierda, los trabajadores de los astilleros saludaban desde el enorme Guadalupe Victoria II, los niños, que este 3 de mayo día tuvieron fiesta, y hasta los universitarios, que declararon la ‘huelga del alirón’. Tres horas de trayecto que quedaron en la memoria de aficionados y jugadores para siempre.
1984: el año del doblete
Así fue. Sólo un año después, los leones volvieron a la Ría para celebrar otro triunfo apoteósico. En esta ocasión, un campeonato de Liga aderezado con la Copa del Rey ganada al Barcelona de Maradona. La final de la tremenda tángana. Bilbao, por fin, podía olvidar por unas horas las terribles inundaciones que nueve meses antes habían ahogado la alegría de la primera gabarra. Y a fe que lo hizo. “Aquí se saborean los triunfos”, alardeaba ‘Rocky’ Liceranzu mientras se repetían e incluso superaban las imágenes del año anterior. “Sabía que era algo grandioso, pero no me imaginaba tanto”, aseguró Endika, el autor del gol que dio el título copero y que no había vivido la experiencia del año anterior. Nuevamente toda Vizcaya, “la oficina, la fábrica, la tienda, el hierro y el arado” –dicen las crónicas-, salió a agasajar a sus héroes. La gabarra se unía así a la tradición de contar sólo con jugadores de la casa, la ofrenda floral a Pichichi o el propio estadio de San Mamés. Una tradición que sólo cuenta con 25 años de vida, que sólo se ha celebrado en dos ocasiones pero que ha calado profundamente. En el Athletic, ‘ganar un título’ se dice ‘sacar la gabarra’.
26 Mar 2009
El 29 de junio de 1958 se jugó la final del Mundial de fútbol de 1958. Brasil, con Didí, Zagallo, Garrincha y Milton Santos en sus filas, batió a Suecia por cinco goles a dos en una fecha que pasaría a la historia por otra razón: la eclosión de un jovencísimo Pelé. La imagen de aquel muchacho de aspecto frágil y puntería insospechada sorteando con un sombrero a Gustavsson y empalando el balón a la red es una de las más reproducidas del fútbol.
Sin embargo, aquel domingo Bilbao estaba más pendiente de otro acontecimiento. Aquel día, los leones jugaron y ganaron una de las finales de Copa más recordadas de su historia, la que supuso la victoria sobre el Real Madrid. El partido no se presentaba nada fácil. El rival acababa de ganar su tercera Copa de Europa tras batir al Milán y contaba en sus filas con Alfredo Di Stéfano. Esa misma temporada habían vapuleado por 6 a 0 a los rojiblancos en el partido de liga disputado en Madrid y se impusieron por un claro 0 a 2 en San Mamés. Por si no fuera suficiente, la final se disputaba en el Santiago Bernabéu, a pesar de que Enrique Guzmán, el entonces presidente del Athletic, había solicitado jugar en un campo neutral. Incluso el ministro de la Gobernación, el ‘duro’ Camilo Alonso Vega, tuvo que intervenir para que Guzmán cejara en su empeño.
Todo pintaba entonces en contra de los leones hasta que en el minuto 20 del primer tiempo saltó la sorpresa. Arieta, en el borde del área, eludió la marca de Santamaría y con un disparo cruzado batió a Alonso, el portero madridista. El estupor no cundió del todo entre los aficionados porque sólo tres minutos después, cuando el equipo blanco no se había recuperado de ese primer golpe, Mauri marcó de bolea el tanto que sentenciaría el encuentro. El Real Madrid, sin Gento, Puskas ni Kopa –estos dos por ser extranjeros-, recurrió a los balones aéreos y al ataque a la desesperada, pero no surtió efecto. Con una férrea defensa, el Athletic había llevado el partido al terreno físico y los hombres dirigidos por Luis Carniglia nada pudieron hacer. La superioridad de los ‘aldeanos’, como fueron conocidos desde entonces aquellos jugadores por la diferencia que les separaba de los madridistas, no admitió duda e incluso Carmelo, el portero rojiblanco, aseguró que había sido más fácil de lo esperado. Como el propio Di Stéfano reconocería en los vestuarios, “el Atlético de Bilbao ha jugado más y mejor que nosotros y su victoria ha sido justa y legítima ¿Para qué restar mérito al Atlético de Bilbao?”.
Todo estaba preparado para la vuelta de honor de los ganadores. Piru Gainza, el veterano capitán, se disponía a levantar su séptima Copa, “su” trofeo, en su novena final. Sólo un año después pondría fin a una larga carrera iniciada en 1940. Llevado en volandas por sus compañeros, su imagen con el trofeo en las manos es quizás la más bella de la historia rojiblanca. Ese día ocurrió lo imposible: Gainza, el ‘aldeano’ de rostro anguloso y pelo engominado, ganó a Di Stéfano y eclipsó a Pelé.
04 Nov 2008
El Athletic o, mejor dicho, el aficionado del Athletic, piensa demasiado. Primero, porque el equipo tiene una historia detrás que no se quiere olvidar. Duele -supongo- ver que equipos como el Villarreal, sitos en una ciudad tan pequeña, superen con claridad al equipo de la tierra y otrora rey de copas. El seguidor se resiste a que los leones sólo luchen por evitar el descenso; piensan ser dignos de cotas mayores. Y aquí va la segunda parte. Creo que se tiende a sobrevalorar a los jugadores. Decía Patxi Alonso durante la retrasmisión del partido que le gustaba la alineación, especialmente el centro del campo. Por nombres, no suena mal, pero el rendimiento no se corresponde a la fama. Gabilondo, un fino centrocampista zurdo, ha ofrecido estos años más sombras que luces; David López me parece un jugador más bullicioso que clarividente; Orbaiz nunca me ha parecido nada extraordinario, y Yeste sabe bien de la suerte que tiene al estar en el Athletic. Como no hay más...
Así las cosas, el aficionado piensa, por historia y por plantilla, que deberían aspirar a algo más que a sufrir por seguir en primera. Sin embargo, la historia no juega (peor aún: si juega, lo hace para presionar al presente) y la plantilla todavía menos. Aficionado del Athletic, no pienses tanto y asume la realidad. No es casualidad lo que ha ocurrido las pasadas temporadas.
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