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27 Jul 2009

"Ésta es una iglesia cuya profusión de adornos, arcos apuntados, formas verticales, tres naves con bóvedas de arista perforadas por lunetos, múltiples capillas, triforio y girola la convierten en un buen ejemplo del gótico flamígero o florido, conocido en España como isabelino y en Portugal como manuelino. Además, cuenta con un claustro reconstruido de formas neoclásicas que lo relaciona indudablemente con influencias francesas".

Éste podría ser, más o menos, el discurso que un guía regala a su rebaño de turistas durante una de las múltiples visitas a iglesias y catedrales que componen los llamados "viajes culturales". ¿Alguien ha entendido algo? Probablemente no, como tampoco lo hacen los distraídos turistas que le siguen de aquí para allá en cualquier lugar de Europa por estos meses. Sin embargo, cuando regresen, hablarán henchidos de orgullo de la gran cultura adquirida durante su viaje.

Vale la pena pensar sobre lo que es cultura o arte y lo que no lo es. Resulta que uno viaja a Sibenik, ciudad croata situada en el corazón de Dalmacia, y le cuentan la historia de una pequeña catedral y de diversas fortalezas (todas ellas muy reconstruidas debido a lo sufrido durante la guerra de los años noventa). La ciudad vieja, es cierto, tiene su encanto, pero no puede decirse que sea nada extraordinario. Sin embargo, esta ciudad debería ser conocida por otra cuestión: en ella nació Drazen Petrovic, uno de los mejores jugadores de baloncesto de la historia (en Europa se disputa el número 1 con Sabonis).
Pues resulta que nada te dicen de ello. Una definición a vuela pluma de arte podría ser "cualquier actividad humana realizada de forma excepcional". Esta definición asume mucho de lo que se considera arte de forma tradicional (pinturas, esculturas, iglesias...) pero incluye otras actividades generalmente obviadas por los snobs de la cultura. El deporte (los videojuegos e incluso la ciencia serían otros ejemplos) es el más claro ejemplo de ello. ¿Por qué lo que hizo Petrovic no tiene la misma consideración que las obras de Picasso (por poner un ejemplo prototípico)?
La civilización europea, desde la Grecia clásica, siempre ha puesto por encima la actividad de la mente sobre el ejercicio corporal. El cristianismo ha sido fiel continuador de este desprecio al cuerpo con su radical dicotomía entre el alma y la carne, y Descartes terminó por diferenciar ambas realidades de forma nítida con lo que llamó res cogitans y res extensa. Este desprecio, creo, debería ser reconsiderado. Según la definición de arte expuesta líneas arriba, debería ser igualmente admirable 'El Quijote' o 'Las Meninas' que el correr de Bekele o los largos en la piscina del ya retirado Popov. Sin embargo, ¿quién lo considera arte, quién lo considera 'cultura'?
Zagreb cuenta con un espectacular museo dedicado a Petrovic, quizás el más importante del país. Sin embargo, la visita cultural tipo no incluye su visita y a nadie le extraña. Toda una pérdida. Lástima.

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17 Feb 2008

A lo largo de estos días se está celebrando en Madrid la pasarela Cibeles. En paralelo, la capital acoge otro gran acontecimiento: la feria de arte contemporáneo ARCO. Ambos eventos tienen algo en común: la estupidez de sus creadores y las consecuencias negativas de su "creatividad". Empecemos por lo segundo.

En cuanto a ARCO, las consecuencias negativas tienen más de "espiritual" que de real, en tanto que sólo convulsionan el torbellino de ideas del arte. A una creación idiota le sigue otra más idiota aún y así sucesivamente, todo ello adornado con un discurso pseudofilosófico que trata de dotar de prestigio la susodicha estupidez creada. No creo que esto preocupe excesivamente a la sociedad (si no fuera porque se ganan la vida haciendo ver lo que no son).

Sin embargo, y entrando en el primero de los aspectos, los desfiles de moda tienen consecuencias mucho más perniciosas. No me refiero, por supuesto, a la ropa en sí, sino a los modelos humanos que muestran. Ya es bien conocido el estereotipo de mujer escuálida que presentan los diseñadores, pero ahora también insisten en mostrar unos varones cada vez más prepúberes y escuálidos; seres andróginos en ambos casos.

Poco se puede decir respecto a los ropajes, pero el modelo humano es claramente antinatural. La mujer que se propone va contra la propia naturaleza, porque una mujer sin grasa es una mujer sin regla, una mujer infértil. Para que vosotras las féminas tengáis la menstruación, necesitáis un mínimo del 18% de grasa en el cuerpo, cifra a la que gran parte de las modelos no llegan ni por asomo. Y los estrógenos son muy importantes para otras muchas cuestiones como la prevención de enfermedades cardíacas. En cuanto a los hombres, el bajo peso es más "admisible" en tanto que nuestro cuerpo tiene un porcentaje de músculo mayor, pero también desemboca en la desaparición del apetito sexual, pérdida de sueño y de concentración, osteoporosis...

Así las cosas, se puede afirmar con rotundidad que la moda actual va objetivamente contra el ser humano. Dejemos de hacer caso a las bobadas "innovadoras y creativas" de esos intelectuales que no sólo nos guían en cuanto al ropaje, sino que se arrogan también el derecho de dictarnos los cánones humanos de belleza. Si hay un criterio objetivo para establecer que una moda (o una civilización entera) es "mala", ése no es otro que la propia vida, esto es, si un dictado cultural lleva a la desaparición del individuo o de la sociedad que lo adopta, tal dictado es "malo". La moda se ha convertido (o eso pretende) en arte y nuestro arte, nuestro ARCO, no deja de ser una gran estupidez. Cuando esa estupidez pone en peligro la vida, se convierte en un CRIMEN.

Aletheia

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24 Ene 2008

Como habréis visto en los informativos, se han reunido en Madrid cientos de cocineros para dar cuenta de los avances, técnicas y nuevas recetas que han ideado. Aunque pueda parecer sorprendente, voy a retomar el tema del arte que ya toqué en un post anterior
¿Por qué?, se preguntará quien lea estas palabras. ¿Qué tiene que ver la cocina con el arte? A primera vista, la gente del común aprecia la comida como fuente de alimentación, algo tan básico que cuesta darle un significado mayor. ¿Acaso nos parece un arte lo que hace un zapatero? No, sólo arregla zapatos. Sin embargo, los "grandes" cocineros que aparecen en los medios (Adriá, Berasategui, Arzak, los japoneses, franceses y las nuevas generaciones) se han apropiado de un discurso que precisamente remite a ello: novedad, originalidad, innovación, texturas, deleite de los sentidos, presentación, ciencia, investigación... Bastaría con hacer un recorrido por los numerosos manifiestos artísticos de finales del siglo XIX y principios del XX para darnos cuenta de las similitudes

En el post al que me refería, proponía una definición de arte que sería una obra humana que cumple su función y además es bella. Por función entiendo que es capaz de realizar con eficacia la tarea para la que se ha concebido; por belleza, una cualidad causada por su aspecto, utilidad, sencillez, adecuación, originalidad o mil y una razones. Así, consideraba que los videojuegos o los coches pueden ser perfectamente arte pese a que no son considerados tradionalmente como tales.

Por su parte, la cocina, la buena cocina (perdóneseme la redundancia), como apuntan los antropólogos, tiene muchas funciones: la primera, alimentar; la segunda, socializar (tradicionalmente, comemos con otros y ello ayuda a estrechar los vínculos sociales. ¡Ojo!, como apunta en uno de sus libros el historiador Felipe Fernández-Armesto, el microondas es un gran enemigo al respecto, pues facilita que cada uno coma por separado); la tercera, hablarnos de la sociedad en la que se inserta (¿quién preside la mesa (en caso de que así sea)?, ¿alguien reparte los alimentos?...); etcétera.
Los nuevos cocineros a los que me refiero parecen olvidar estos aspectos tan fundamentales (quizás por ser tan básicos que se pasan por alto) y se centran en la belleza, la creatividad... de una "tortilla de patata deconstruida" o de un "aroma de paté con caviar y salsa agridulce". Así quedan unos espectaculares platos semivacíos que ahuyentan el hambre precisamente por su exigüedad. Como dijo Quevedo en "El Buscón", son comidas infinitas, porque no tienen ni principio ni fin.

En otras palabras, el buen cocinero tiene una función capital: alimentarnos y hacer sociedad. A partir de aquí, lo que quieran; pero lo primero es lo primero. La función por delante, por favor.

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08 Ene 2008

Como ya advertí en la primera página de este cuaderno de bitácora, los temas que trataré serán diversos. Hoy toca el del arte y todo a cuenta de un videojuego al que estoy jugando: Assassin´s Creed. Hasta el momento, es una espectacular mezcla entre los movimientos del Prince of Persia (no en vano, ambos son obra de la compañía francesa Ubisoft) y la jugabilidad del Fable. Contrariamente a lo que pudiera parecer, no soy un gran aficionado a este mundo (de hecho, me suele producir dolor de cabeza); pero ello no obsta para reconocer las maravillas allá donde uno se las encuentra. De la misma manera, no tengo carnet de conducir y sin embargo me asombro al ver pasar un coche hermoso (el Mercedes CLS es la máquina más bella que hayan visto estos ojos)

¿Y qué tienen que ver los videojuegos (la tecnología en general), los coches y el arte? Dice E.H. Gombrich al comienzo de su voluminosa historia del arte, que no existe un Arte con mayúsculas, sino diversos artes con minúsculas. Es evidente: nada tienen que ver las pinturas del Paleolítico superior con el arte contemporáneo. No es éste ni el momento ni el lugar para discutir acerca de la naturaleza del arte, pero me quedaré sólo con dos notas: ha de ser una obra humana y ha de causar admiración. Así, la visión que de la naturaleza nos ofrecen los paisajes infinitos de Friedrich o una puesta de sol son eso, naturaleza, pero no arte; causan (los paisajes) admiración y casi empujan a admirarlos en silencio, ensimismados ante su belleza. Pero, insisto, son naturaleza, les falta la intervención humana.

Aquí empezarían las discusiones. ¿Qué causa admiración? Ésta puede venir por la belleza, por la fealdad, por su moralidad, por su maldad... y cada persona y cada época han valorado una u otra según su criterio. Personalmente, detesto el llamado arte contemporáneo, el arte de esos filósofos metidos a artistas que hacen de la provocación y de la supuesta originalidad el corazón del arte de nuestro tiempo. Para mí -y es aquí adonde quiero llegar en este página-, el único arte interesante (por lo tanto, producción humana que causa admiración por una razón u otra) de nuestra época son precisamente los videojuegos (y, como decía,la tecnología en general) y los coches.

En el caso concreto del Assassin´s Creed nos encontramos con un claro ejemplo de lo que Umberto Eco denominó "obra abierta". Según el semiólogo italiano, el arte contemporáneo se caracteriza por que el artista cede parte de su protagonismo al espectador, dejando "abierta" a su interpretación su obra. Evidentemente, también el arte medieval o el griego variaban según la perspectiva de cada contemplador, pero las posibilidades de interpretación estaban muy reducidas por la mano del hacedor. Muy al contrario, el arte móvil, la literatura más especulativa, la música"postmoderna"... abren otras posibilidades muy diferentes. Son "obras abiertas" (y, como puede suponerse, muy difíciles de juzgar).
Pues bien, ese nivel de participación del contemplador se aprecia en esta clase de videojuegos. Uno puede crear su propia historia, hacer de su capa un sayo e incluso elegir entre el bien y el mal (característica esta muy interesante que nos ofrece Fable). ¿Por qué no considerar estas creaciones como arte y sí las tonterías de Pollock, Warhol, Koonsy compañía?

El caso de los coches es diferente. De alguna manera, han sido más valorados que los videojuegos y hay museos de Ferrari o Mercedes, amén de que el futurismo afirmó admirar más la velocidad o la tecnología que la Victoria de Samotracia. A pesar de ello, es difícil que el espectador medio sitúe los automóviles al nivel de un Velázquez o una obra de Miguel Ángel. Y no lo entiendo, pues toque a la belleza de estas obras clásicas le añaden un aspecto clave: la funcionalidad, el ser "útiles" (un motivo más de admiración).

Una cierta corriente de pensamiento afirma que lo propio del arte es ser inútil, no servir estrictamente para nada. Es el tópico del arte por el arte, del arte puramente estético que encuentra su justificación en sí mismo. No negaré que la admiración puede surgir en estas obras (habría que discutir, por otra parte, que la mayor parte de lo que consideramos arte fue concebido con una finalidad que hoy les haría perder puntos en nuestra escala de valores si ésta está calibrada según el "arte por el arte"); pero si a ello se le puede unir la funcionalidad, ¿por qué habría de desmerecer la obra? Así, el citado Mercedes CLS es bellísimo y cumple a la perfección su tarea primordial: la de proporcionar unmedio de transporte eficiente. ¿Alguien da más?

Espero que con el tiempo se valoren más estos nuevos artes que tenemos ante nosotros y que fácilmente pasan desapercibidos. Mantengamos en alerta nuestrosentido de la admiración.

Aletheia

P.D. Parece que las cosas empiezan a cambiar. Dos buenas señales: 1) el Parlamento Europeo se plantea considerar el "Imperium Civitas", un juego de trasfondo histórico, como un instrumento de educación para la asignatura de Historia; y 2) el Gobierno francés dará ayudas a aquellos juegos que considere bienes culturales.

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