30 Sep 2009
Tras ganar el doblete en 1984, el Athletic de Clemente se dispuso a afrontar una nueva participación en la Copa de Europa. Sólo había participado dos veces en esta competición. La primera, en la temporada 1955-56, fue la más exitosa, pues derrotó al Porto y al Honved de Puskas, Cibor y compañía, y sólo el Manchester United pudo con los rojiblancos en cuartos de final. La segunda, en la temporada 1983-84, sólo se superó una ronda y se cayó ante el Liverpool en octavos. En esta ocasión, el rival era el Girondins de Burdeos, un equipo en el que militaban internacionales franceses como el portero Dropsy, el central Battiston, el artista Giresse (Tigana estaba lesionado) o el delantero Lacombe. Todos ellos eran conocidos por su papel con la selección francesa, al alza desde el Mundial de 1982 y la Eurocopa de 1984. Lo que pasó más desapercibido fue que en el banquillo galo estaba Aimé Jacquet, el padre de la Francia exitosa de los últimos años. Él fue quien erigió el equipo de los Zidane, Blanc, Thuram, Angloma, Barthez y compañía.
La ida, dicen las crónicas, fue una ocasión perdida por el Athletic. El 3-2 final fue, a lo que parece, injusto. Pero quedaba la vuelta, un día especial porque los de Clemente iban a recibir los trofeos del doblete conseguido la temporada anterior. Carlos Garaikoetxea, por entonces lehendakari, fue el encargado de hacer los honores. Sin embargo, el "ambiente de super-gala" que se creó para la ocasión no sirvió de mucho y los rojiblancos no pudieron alterar el 0-0 inicial. Aimé Jacquet, siempre seguro de sí mismo, calificó la apuesta del Athletic por la fuerza como "naive" y declaró que habían pasado con todo merecimiento: "Hemos demostrado tener mayor clase, cohesión, táctica, entusiasmo y motivación que el Athletic de Bilbao. Les hemos superado en todos los terrenos y lógicamente hemos superado esta primer eliminatoria de la Copa de Europa. Nosotros hemos jugado con inteligencia, ellos en cambio nos han opuesto una fuerza que yo calificaría de 'naive'".
Clemente no lo vio tan claro y aseguró que habían sido eliminados por un equipo inferior."El Girondins no ha demostrado nada. Tienen una técnica de salón y ante un pressing como el que hemos hecho no juegan nada". El caso es que la fiesta había acabado mal. Años después, en otra fiesta, la de la inauguración del Estadio de Francia, los dos técnicos volvieron a enfrentarse. Francia 1 - España 0. Jacquet acababa de romper la larga racha de imbatibilidad de la selección española y meses después se proclamaría campeón del mundo.
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