30 Oct 2009
Una de las cosas que más me llama la atención de Obama es su increíble naturalidad ante las cámaras. Ya sea en las fotos, ya sea en televisión, siempre se desenvuelve con una soltura asombrosa. En este sentido, es el político perfecto: bueno orador, telegénico, buen conocedor de lo que significa cada gesto de su cuerpo con ese insistente movimiento de su brazo izquierdo para subrayar sus afirmaciones..., y es que incluso cuando baja del Air Force One, con los brazos recogidos sobre el torso, a pequeños saltos, como un boxeador, contribuye a esa imagen de energía contenida y decisión que le rodea.
Ahora bien, además de esta su gran capacidad para adaptarse al lenguaje de los medios, su equipo estudia todas sus imágenes con cuidado milimétrico. Hace unas semanas divulgaron una foto en la que una de sus hijas aparecía jugando en el Despacho Oval y bien pronto se encargaron de emparejar esa instantánea con la de John John Kennedy jugueteando con su padre en el mismo lugar. Vuelve Camelot, que diría Chomsky.
Otro ejemplo de su espectacular equipo de imagen sucedió con la polémica de aquel profesor negro de Harvard que fue arrestado cuando intentaba entrar en su casa. El Presidente cargó contra la Policía. El cáncer del racismo volvía a aparecer en los Estados Unidos y Obama no podía permanecer al margen. Los agentes protestaron y el escándalo fue monumental. ¿Cómo se solucionó? Con una simple reunión en los jardines de la Casa Blanca entre Obama, el vicepresidente, el profesor afectado y el agente de Policía que le detuvo. En este caso, el presidente aparecía como un hombre cercano, capaz de resolver los problemas con diálogo, cara a cara y con una cerveza en la mano.

Muy otra es la faceta que su equipo desea destacar ahora, la del líder preocupado por sus jóvenes soldados. Además de presidir la llegada de los féretros, una fotografía más simbólica retrata al presidente en su despacho en una actitud de estadista responsabilizado. Allí, solo, de pie junto a una ventana, con la mirada perdida, Obama parece meditar las difíciles decisiones que tiene ante sí el hombre más poderoso del mundo. No es un juego, porque cada una de sus decisiones, sobre todo en relación a Afganistán o Irak, se mide en vidas.
En definitiva, la poliédrica personalidad a que todo líder aspira transmitida en imágenes. Realmente espectacular el trabajo de su equipo. Que "muchos ven lo que pareces, pero pocos tocan lo que eres (que dijo Maquiavelo)", lo saben bien sus asesores.
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